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Toros

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Algún malpensado podrá decir que lo han llevado a cabo por el simple hecho de no sentirse pertenecientes a la Nación española, porque muchos de ellos se definen como nación, a pesar de tremenda e inconstitucional incongruencia. Y yo le daré la razón a ese malpensado, sin duda; porque entre el cabreo que deben padecer muchos catalanes por el recorte del "Estatut", por el no reconocimiento como nación, y otros "desprecios" más que dicen haber padecido, se han volcado en frenar, recortar, suprimir la libertad del pueblo catalán prohibiendo la fiesta taurina en toda Cataluña.

La verdadera libertad está en educar, enseñar, debatir, dialogar, pensar, dirigir con cordura y gobernar con sentido común atendiendo las necesidades más prioritarias del pueblo llano, que las hay, antes que enzarzarse en disquisiciones sobre si los toros se prohíben o no.

Tendrían que ver a esos animales de 600 kilos correr a su albedrío por los campos de Jaén. Ofrecen a quien los contempla una imagen de poderío, de elegancia y fuerza dignas de elogio. A pesar del miedo que me dan, reconozco su belleza y su estética.

Creo que el Parlamento de Cataluña se equivoca. No es prohibiendo como se consigue un logro. Creo que ha retrocedido a las épocas más puras de la dictadura anterior, que ha olvidado los principios democráticos, que si en Cataluña se hubiera llevado a cabo un referéndum, no vinculante, si me apuran, pero sí para tener idea de lo que piensa el pueblo llano, se habrían llevado una buena sorpresa.

Una ciudad como Barcelona, con dos plazas de toros, y una tradición taurina diría que secular, ¿tiene que tragar con los que imponga su gobierno autónomo, sólo porque a cuatro individuos no les gusta lo de "Fiesta Nacional"? Porque ése y no otro es el motivo de esta prohibición, que les quede claro. Quien suscribe este artículo vivió diez años en la ciudad condal, guarda muy buenos recuerdos de aquella época, y tiene un cierto conocimiento de cómo son los catalanes, porque recorrí todas las provincias. Estoy convencido de que si se hubiese promovido un referéndum, el Sí a la Fiesta Nacional (de España) habría sido rotundo. Pero eso, a Carod Rovira, Artur Mas y compañía no les conviene. Y Montilla, andaluz él, saliendo por el foro diciendo que votó en contra porque no está de acuerdo con la medida. ¡Qué cobarde es la gente! Llevar las cosas a los extremos más radicales nunca fue bueno. Prohibir es de dictadores. Desde mi punto de vista, la "Libertad" en Cataluña se ha visto mermada por sus propios parlamentarios. ¿Tan ciegos están?

Pedro Marrero Sicilia

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