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¿Tregua entre israelíes y palestinos?

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Israel se encuentra políticamente aislado. Una resolución reciente de la Asamblea General de la ONU condenó los ataques en Gaza por 156 países a favor, 7 en contra y 6 abstenciones. Por otra parte, el Consejo de Derechos Humanos de la Naciones Unidas pidió en Ginebra, el 27 de noviembre, el fin de las colonias en los territorios ocupados, la confiscación de las armas de los colonos y sancionar a Israel por la ocupación de los Altos del Golán. Los 47 miembros de este Consejo votaron de la siguiente manera: 45 a favor, uno en contra (Canadá) y una abstención (Camerún). El rechazo apresurado de Olmert a la propuesta internacional presentada por España, Francia e Italia, que incluía el despliegue de una fuerza de interposición en Gaza así como una conferencia internacional de paz, también muestra debilidad. Política, desde luego, no militar. Y poca presión como para un cambio real en la política de Olmert. Unas horas después de anunciada la tregua, apareció el ministro de Defensa con las rebajas. Amir Peretz anunció que el acuerdo sólo se remite a Gaza, pero que en Cisjordania las fuerzas militares seguirán con su política habitual. En pocas palabras, la represión indiscriminada de siempre. Tampoco sintió la necesidad de presentar excusas por la intervención en Gaza durante los últimos meses. Según Médicos Sin Fronteras, el 84,7% de la población ha sufrido al menos un acto violento, el acceso al agua potable ha disminuido del 70% al 32% y las condiciones de vida de sus habitantes se deteriora de forma alarmante. Esta ONG exige la reanudación inmediata de la ayuda internacional suspendida hace ocho meses. Olmert puso un asunto goloso sobre la supuesta y futura mesa de negociación, quizás para colocar ante la prensa la ridícula imagen de pacifista que llevó a Estados Unidos (¿por la llegada inminente de Bush a la zona y la presencia de la prensa internacional?). Está dispuesto a cambiar prisioneros palestinos por el soldado israelí retenido. Prometió mejorar las condiciones de vida de los habitantes de los territorios ocupados que él mismo se ha encargado de reventar. Y nada más. Pero para aplicar tales concesiones bondadosas, exige el reconocimiento del Estado de Israel y que los refugiados renuncien a regresar a sus hogares. Más de lo mismo. La impresión final más razonable sobre la tregua es que nos encontramos ante otra operación táctica que en nada modifica el triste panorama de la región. Nada de aceptar un Estado palestino independiente. Olmert sólo quiere oxígeno. Según Dia Rashwan, experto egipcio en asuntos islámicos, el primer ministros israelí tiene dos objetivos, dividir a los dirigentes palestinos y presentarse ante el mundo como un hombre de paz. ''Las declaraciones de Olmert, añade Rashwan, no son más que una táctica para forzar un cambio en el gobierno palestino e iniciar negociaciones que no conducirán a ningún sitio. Ya encontrará disculpas para justificar el incumplimiento de las promesas que ahora anuncia''. En realidad, si Olmert buscara la paz le bastaría con cumplir las resoluciones de Naciones Unidas. ¿O no?

Rafael Morales

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