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Tron hace 28 años (II)

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Moebius ya había trabajado en el cine, siendo responsable del diseño de los trajes aparecidos en Alien del director Ridley Scott. Junto a él, estaban Peter Lloyd, diseñador de alta tecnología y Sid Mead, responsable de los diseños del cinematográfico Star Trek, y Blade Runner, también de Scott.

Su entendimiento con el director y con el estilo que éste quería para la historia fueron fundamentales para conseguir recrear el universo que después pudimos ver en las pantallas.

Aún así, la empresa no estuvo exenta de problemas. El director de fotografía Bruce Logan debió cambiar los planes originales de rodaje -los cuales preveían utilizar las mismas lentes que en el test previo- por otras, capaces de responder a las verdaderas necesidades del trabajo encargado, teniendo que utilizar unas cámaras especiales de 65mm, mucho más sensibles, pero de difícil manejo.

A esto, había que sumar los problemas de coordinación propios al trabajar con cuatro compañías, cada una de las cuales era responsable de un encargo distinto. MAGI desarrolló la carrera de motos; TRIPLE-I, el Galeón espacial; Digital Effect ,de "Bit"; y así un largo etcétera, cuyo resultado debería encajar luego a la perfección con el resto del trabajo de animación y las secuencias protagonizadas por actores reales.

Lejos estaban todavía los tiempos y los logros de la actual I.L.M. o del estudio de animación Pixar. Por añadidura, nadie estaba demasiado seguro del resultado final, condicionados, además, por la significativa subida de costos, la cual se disparó de los 12 millones previstos a los 20 millones de dólares finales.

Lo cierto es que, tal como dice el refrán, lo que bien empieza, bien acaba y así, después de dos años de trabajo, 1.100 efectos y toda una revolución tecnológica, Tron se estrenó el 9 de julio de 1.982 con un reparto encabezado por Jeff Bridges -el programador que acaba dentro de las entrañas de CCP, el ordenador que le reta a jugar para salvar su vida- secundado por David Warner, Cindy Morgan y Bruce Boxleitner en el rol del programador del programa y como el mismo Tron.

Bridges, actor versátil y proveniente de una larga saga de actores, supo darle ese toque desenfadado, pero comprometido a su personaje, ayudando al desarrollo del resto de los personajes, dentro y fuera de la rejilla de juegos.

La película fue un éxito inmediato en los EEUU -no en vano, el videojuego de Space invader había conseguido recaudar tres veces más que Star Wars- propiciando, además, un cambio de mentalidad en la realización de cintas y en los hábitos de diversión entre los jóvenes.

Otra cosa muy distinta fue su repercusión en otras partes del globo, más cerradas a las nuevas modas, tanto tecnológicas como sociales. Si a ello sumamos una visión trasnochada por parte de la crítica y el handicap que suponía el logotipo Walt Disney en aquellos días -los espectadores, más antes que ahora, buscaban tras el castillo de Disneyland una clásica historia de la factoría y no una historia tan innovadora como lo es Tron- nos será fácil entender el fracaso de la cinta en países como el nuestro.

Yo todavía conservo muy vivas las imágenes de mi primer pase en la enorme pantalla de un cine de mi ciudad, sobre todo durante el tiempo que dura la carrera de motos y la persecución posterior, pero debo admitir que éramos muy pocos los que estábamos abiertos a un derroche visual como aquel, hace ya tres décadas.

Por fortuna, el tiempo coloca muchas cosas en su sitio, y Tron ha pasado a ocupar su lugar como clásico dentro del género fantástico en latitudes como España.

De todas maneras, no puedo ocultar que me llevé una muy agradable sorpresa cuando, en septiembre del pasado año 2009, vi, por primera vez, el teaser trailer de la secuela de Tron, en el cual aparecía Jeff Bridges 27 años después de la película original. Al verlo fue como si regresara al momento en el que vi por primera vez una de las películas que más me han marcado, tanto personalmente como profesionalmente.

Este artículo está escrito unos días antes del estreno de Tron Legacy, pero hace un mes pude ver un especial de 25 minutos, presentado en los cines de la ciudad en la que resido y las sensaciones no pudieron ser mejores. Y si bien es cierto que esos 25 minutos no cuentan demasiado, la oportunidad de ver algunos de los escenarios y el tremendo avance que ha supuesto la nueva proyección en tres dimensiones ?nada que ver con la de décadas anteriores- fueron una suma que sinceramente ayudó a que mi ansiedad por la ver la película creciera, aún más.

Me imagino que, como cuando se estrenó Tron, muchos criticarán esta secuela sin ni siquiera haberla visto, de igual forma que lo hicieron con su antecesora. Esto no quiere decir que la propuesta no suene interesante y que para muchos sea una nueva oportunidad de encontrarnos con Kevin Flynn, dentro de las entrañas de un demente ordenador y con unos cuantos años de más.

Al final, lo que importa es el espíritu que posee cada uno y tanto Tron como su creador original, Steven Lisberger, demostraron que si se quiere lograr algo, con dedicación y empeño, todo es posible. El resto sucede cuando las luces se apagan, uno se coloca las gafas para disfrutar de las 3D y el espectáculo empieza a proyectarse en una gran pantalla de cine, que no en casa.

Eduardo Serradilla Sanchis

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