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Turquía y el Kurdistán

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Más de cincuenta F16 y F8 descargaron sus bombas sobre nueve o diez aldeas kurdas. Dos mil personas tuvieron que escapar, viendo como destruían sus escasas pertenencias. Hay distintas versiones sobre el número de víctimas mortales. Dos escuelas y un hospital quedaron demolidos. La incursión terrestre del ejército turco en la provincia de Sirnak se cobró la vida de cinco guerrilleros kurdos, según informó el PKK. El Gobierno de Ankara tiene la intención de quedarse durante un tiempo en aquella región, ocupándola militarmente para "limpiarla". Ya veremos. La prensa turca abrió sus primeras páginas con titulares como "La caza del PKK ha comenzado" o "Europa deja solo al PKK". La persecución contra los moderados parlamentarios kurdos y el cierre de periódicos editados legalmente en Turquía también ha comenzado, en violación anunciada de los derechos democráticos.

Estas incursiones contaron con la ayuda inestimable de los gringos, quienes suministraron información al ejército turco para facilitar las operaciones. Aunque Washington intentó evitar el ataque, cedió finalmente a sus propios intereses, a costa de los aliados kurdos y de su muy amigo gobierno de Bagdad. Un enfado del presidente del gobierno regional del Kurdistán iraquí, Masud Barzani, siempre será menos costoso que poner en peligro los suministros militares al ejército estadounidense de ocupación, que pasan en un 70% por bases y territorio turco. En efecto, Barzani se negó a reunirse con Condoleezza Rice, enviándole el recado siguiente: "Es inaceptable que Estados Unidos, encargado de controlar nuestro espacio aéreo, haya autorizado a Turquía a bombardear nuestras localidades". La secretaria de Estado respondió a su modo. Aseguró que Estados Unidos, Irak y Turquía tienen un interés común en frenar las actividades del PKK. ¿Pero no decía Condoleezza Rice hasta ayer que un ataque al Kurdistán iraquí era inaceptable porque contribuiría a la desestabilización de Irak?

Los dirigentes turcos llevan años reprimiendo a la minoría kurda dentro de sus propias fronteras. Se oponen a la autonomía de los kurdos iraquíes porque podrían constituirse en embrión de un Kurdistán independiente a medio o largo plazo. Lo que influiría notablemente dentro de sus propias fronteras, donde vive como ciudadanos de segunda categoría el 45% del pueblo kurdo, repartido también por Irán (30%), 20% (Irak) y un 5% en Siria. Atención. Se trata de 25 millones de personas que habitan desde hace 700 años el Kurdistán, a quienes la comunidad internacional debe la formación de un Estado independiente. El primer reconocimiento de este derecho elemental tuvo lugar después de la primera guerra mundial por el Tratado de Sevres. Pero jamás quedó ratificado. Fue sustituido por el de Lausana, donde Turquía, Irak, Siria e Irán se repartieron casi amistosamente el territorio. Hasta hoy. Estaría bien que el Consejo de Seguridad de la ONU condenara la agresión turca y, de paso, replanteara los derechos nacionales del pueblo kurdo. ¿O no?

Rafael Morales

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