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UPyD y el pacto de Asturias

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En algún caso incluso han llegado a utilizarse argumentos tan peregrinos como que el principal motivo del acuerdo ha sido la rabieta de Díez por unas palabras un tanto desabridas de Rajoy hacia su persona en la última sesión del control al Gobierno en el Congreso.

Se olvida lo fundamental: que ya hacía semanas que había unas negociaciones planteadas con el único diputado de UPyD en la cámara y que, desde que su escaño volvió a ser decisivo, los magentas ya habían dado sobradas muestras de que podían entenderse con el PSOE, sin acceder a consejería alguna, y si se atendían algunas de sus reivindicaciones programáticas, frente a la pelea por las poltronas que seguían sosteniendo el PP y el Foro de Alvarez Cascos.

Y, sobre todo, ¿qué alternativa había si el centro- derecha no se ponía de acuerdo en una Comunidad Autónoma que estaba a punto de ser intervenida por el ministerio de Economía y Hacienda? ¿La helenización de Asturias mediante unas nuevas elecciones, como en Grecia, que serían las terceras en un año? No es extraño que el acuerdo que permite a los asturianos salir de la incertidumbre respecto al Gobierno del Principado haya sido celebrado, no sólo por la izquierda y los sindicatos, sino por la propia patronal asturiana.

Respirando por la herida, algunos dirigentes del PP, como Rafael Hernando, no han podido evitar vulgaridades del tipo de "la cabra siempre tira al monte". Otros incluso han recurrido a viejos fantasmas de la Segunda República acusándo a los magentas de compañeros de viaje frentepopulista "de socialistas y comunistas". Los más, han repetido obviedades como que Rosa Díez "vuelve a sus orígenes de izquierdas" como si alguna vez los hubiera abandonado.

Aunque, claro, tampoco estaría de más recordar a quienes en el PSOE alaban ahora el sentido de la responsabilidad de UPyD, el rosario de descalificaciones que han prodigado a los magentas desde que nació dicho partido. Porque la verdad es que durante la pasada legislatura, cuando era la única diputada de UPyD, a Rosa Díez, desde los escaños socialistas, menos bonita, se le ha dicho de todo.

Pareciera como si unos y otros hubiesen descubierto el Mediterráneo, que UPyD existe y que no es ni una marca blanca del PSOE ni del PP, y que aunque en ella conviven gentes de origen socialdemócrata y de raíces más liberales, tiene un discurso propio.

La necesidad de una fuerza estatal alternativa al PSOE y al PP, que desde la radicalidad democrática aporte nuevas ideas y temple la exacerbación nacionalista ha sido en España una necesidad desde que desapareciera el CDS y fuera fagocitado por el PP, y aunque Izquierda Unida también debe tener su papel, no es quien puede cubrir ese espacio.

España es mucho menos bipolar y mucho más rica y diversa de lo que desde los años 30 del siglo pasado unos y otros se han empeñado en hacernos creer. Y en toda Europa existen formaciones políticas parecidas a UPyD que, como ha sucedido ahora en Asturias, en determinados momentos no tienen más remedio que mojarse.

Federico Echanove

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