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Vamos mal

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La última carnavalada parlamentaria fue el rechazo de la iniciativa popular de Ben Magec para congelar la construcción de nuevas camas turísticas. Como ya ocurriera en anterior ocasión, con la iniciativa de Granadilla, no es que el Parlamento la rechazara tras su debate y votación sino que se negó a admitirla siquiera a trámite. Firmaron la propuesta 45.000 ciudadanos que creyeron, pobrecitos, que la propaganda gubernamental acerca de la participación ciudadana prevalecería sobre los intereses cementeros que son la auténtica mayoría parlamentaria; la sumergida.

La coña del asunto es que Paulino se fotografió ahí más allá con los de Ben Magec dispuestísimo, oye, a recomendar a los suyos que permitieran la admisión de la propuesta a trámite para que fuera al menos debatida; o sea, que le echaran sus señorías un vistazo aunque fuera para descojonarse de la absurda pretensión de privarnos a los canarios de la belleza de unas islas azulejiadas de costa a cumbre, limpias de aulagas y lagartos.

Pero a Paulino se le reviraron los suyos que mandaron a hacer puñetas a Ben Magec y a los 45.000 firmantes ignorantes de que sólo el príncipe Felipe y las infantas pueden creer que los Reyes son los padres. Aunque, afinando, diría que la mayor coña radica en que los diputados del grupo del Gobierno dijeron, sin reírse ni nada, que no le han hecho un corte de mangas a Paulino, qué va. Pudo el grupo CC-PP salvarle la cara admitiendo la iniciativa y luego triturarla en el debate. Van sobrados de diputados cementeros con o sin contrato, no había peligro alguno de que la iniciativa saliera con vida y bien pudieron dejar al presidente hacer su paripé con los ecologistas. Lo que me lleva a maliciar que quisieron darle para el pelo a Paulino apuntándose todos a las tesis del PP de que el cemento es la vida. La marca Soria se adivina. Me da que quiere ser califa en lugar del califa pensando en los juzgados.

Y como no hay una sin dos, la sentencia del TSJC sobre las adjudicaciones de TDT en Tenerife. Es el primer fallo y aguardan unos cuantos más. Los términos utilizados por el magistrado ponente son duros, quizá porque están los tribunales hasta arriba de la cantidad de barbaridades gubernamentales de las que han de ocuparse. O los servicios jurídicos del Gobierno están en manos de ineptos o Paulino, Soria y el resto de los alegres compinches no les hacen ni puñetero caso. Hasta los legos en leyes advertimos que las adjudicaciones estaban viciadas de origen y dimos por descontada su anulación, lo que lleva a la pregunta del millón: si esto es así, si estaba tan claro lo que iba a ocurrir ¿cómo es posible que el Gobierno siguiera adelante con el atropello? ¿Será que sus entendederas están por debajo de las del ciudadano medio? Debe ser esto porque a Paulino no se le ocurrió otro comentario que el de las vueltas que da la Justicia y que la sentencia se refiere sólo a algunos aspectos parciales sin anular el concurso.

Estas adjudicaciones televisivas, como saben, dieron pie a la penúltima mentira de Soria. El muy vicepresidente acusó a Prensa Canaria de haberse sumado a la "cacería" contra él de puro rascada porque el Gobierno la dejó compuesta y sin una maldita concesión. Cree el ladrón que todos son de su condición.

Estamos ante un Gobierno que se cae a cachos sin más posibilidad de cambio que las elecciones de 2011, que les dé antes un ataque de honestidad política a los impresentables o que en sus partidos se produzca una reacción regeneracionista tipo hasta aquí hemos llegado. Vamos mal.

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