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Varios siglos y dos décadas de sureste

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Hace siglos, muchos siglos, por Guayadeque, Ansite, Balos, Temisas o Agüimes la historia nos muestra a personajes como Maninidra, Egenenacar o Bentejuí, referencias de un importante poblamiento de hombres y mujeres indígenas que vivían de la agricultura, la ganadería y la pesca, compartiendo esta comarca natural de la isla de Gran Canaria y rechazando la llegada de los conquistadores en famosas batallas como la de Gando ?con Maninidra y nuestros vecinos vestidos de corderos como si se tratara de un pacífico ganado- o la de la Playa del Cabrón.

La llegada de los primeros españoles propició que el 20 de enero de 1487 los Reyes Católicos dictaran una Real Cédula por la que se concedían a la Iglesia estas tierras del sureste como Señorío Episcopal. Sus dominios comprendían todo el territorio de Agüimes, Ingenio y gran parte de la Santa Lucía actual. Fueron años de prosperidad, de impulso económico y cultural y también de grandes momentos históricos como cuando protagonizamos juntos los primeros levantamientos campesinos de la historia moderna de Canarias, en 1708 primero -aunque es posible que existieran otros antes- y en el célebre Motín de Agüimes de 1718 después, al que siempre recurro porque lo simboliza todo: una comarca en pie para defender sus derechos sobre la propiedad de la tierra que el terrateniente Francisco de Amoreto pretendía usurpar. En aquel momento vecinos de Sardina, Agüimes e Ingenio, "con hachas y otros elementos contundentes", así lo describen las crónicas de la época, consiguieron frenar sus ansias usurpadoras y cambiaron el curso de la historia.

En los primeros años del siglo XIX, el absolutismo de Fernando VII condujo a la elaboración de un nuevo mapa de municipios que en esta zona derivó en la constitución de los términos de Ingenio y Santa Lucía, rompiéndose la unidad existente hasta ese momento. Y la verdad es que nos separaron y por diversas circunstancias fuimos a peor: vendrían después más de dos siglos de crisis profunda y de soportar sobre nosotros el estigma con el que se nos denominó más tarde de "triángulo de la pobreza".

La convocatoria de las primeras elecciones municipales democráticas, después de la dictadura franquista, posibilitó que en los tres municipios del sureste grancanario se conformaran candidaturas de opciones progresistas integradas en su mayoría por jóvenes que se negaban a continuar soportando la pesada losa de la marginación y la desidia. Fue el comienzo de una "plural aventura" que en muy poco tiempo provocó una catarsis, pasando de ser una población resignada a las carencias, a ser una ciudadanía formada, exigente y comprometida. Los hijos de los aparceros comienzan a ocupar las tierras y a cultivarlas; se pone en marcha un proceso industrial y comercial de enorme peso en el PIB de Canarias; se apuesta por la cultura y la educación y empezamos a tener las cotas más altas de universitarios? y surge hace veinte años la Mancomunidad Intermunicipal del Sureste que pone en marcha la revolución hidráulica más importante de Canarias en el último siglo y diseña una propuesta de desarrollo alternativo innovador, con la sostenibilidad ambiental como norte. Afrontamos el reto de trabajar sin tutelas, asumimos la responsabilidad de ser la administración más cercana a la ciudadanía, la más eficaz, la más innovadora, la más comprometida con la consolidación de un sistema democrático de participación ciudadana. Hace diez años Pascual Maragall nos citó a su abuelo el poeta Joan Maragall que decía que "primero era el grano que la espiga" y Carlos Fuentes afirma que "no hay globalidad que valga sin localidad que sirva". El poeta portugués Miguel Torca escribió que "lo universal es lo local sin paredes"? Y estamos absolutamente convencidos de ello. Nos corresponde a nosotros romper barreras y defender desde aquí, desde lo local, que son posibles otras fórmulas de avance económico, político y social para esta tierra. Nada ni nadie va a hacernos renunciar a pelear cada día por conseguir una auténtica transformación social y económica que pase por la educación y la formación; por la búsqueda de la igualdad de oportunidades; por un nuevo modelo económico apoyado en la sostenibilidad, que apueste por la conservación del territorio, las renovables, una nueva concepción del turismo, la lucha contra el despilfarro y el agotamiento de los recursos; por un nuevo diseño productivo apoyado en el conocimiento, la investigación y la implantación de nuevas tecnologías; por la recuperación de un sector primario consustancial a nuestra identidad como pueblo; por defender lo público frente al acoso de los "mercados"; por potenciar la democracia y la participación ciudadana en estos momentos en un franco y peligroso retroceso; por profundizar en la cohesión social, la integración y el trabajo compartido.

Dice el escritor inglés William G. Ward que "el pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas". En estos duros momentos que vivimos, la Mancomunidad del Sureste está en ello: no paramos de ajustar las velas para seguir avanzando.

Antonio Morales Méndez

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