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Verdugos de la Naturaleza

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Son tan excepcionales, aquellos representantes del gran capital y adláteres de la derecha en Canarias, que anteponen los derechos naturales de convivencia normalizada y equilibrada en la natura y con todas las especies vivas, en contra de los consagrados devociones personales de todo hijo de la naturaleza, en su venerado medioambiente. La cual le da la vida y la hace posible. Pero claudican ante una cuadrilla de filisteos, que practican la canibalismo en la adoración por el becerro de oro, los oropeles y el pelotazo, en la fácil ganancia del vil metal, a costa y a pesar de lo que sea, y contra todo ser viviente. Indolentes y ajenos de toda conciencia de respeto a todos los seres y de protección a los equilibrios de la Naturaleza, en su sabia creación en el rigor de la vida en las Islas. En la cual, también el hombre, a su pesar, es miembro de la misma Naturaleza que le da vida.

Esta insólita y extravagante especie parlamentaria gobernante, al servicio de algunos constructores de las parcas (llámense, como se llamen), con sus intolerables fines lunáticos y espúreos, contra cualquier supervivencia ecológica; creen asumir, por iluminación divina, todo el saber enciclopédico, en cualquier trascendental asunto que se preste, arrogándose la sapiencia científica universal; por solo el hecho de haber sido elegidos por sufragio universal (tan antidemocrático e injusto en Canarias); y menospreciando, baladronamente, el respetable y cualificado dictamen de los científicos en biología de las universidades canarias.

Estos "sabios" (el voto les otorga tal distinción erudita), que están por encima de toda divinidad celestial, y actúan con el interés más interesado de los patronos del capital, quienes les dirigen desde fuera, con sus hilos cuan marionetas, y para quienes gobiernan en cuasi exclusiva, con la falaz cantinela de la creación de empleo, son sumisos de la misma esquizofrenia depredadora, arruinando aquéllos, en su vorágine, cualquier sistema de la vida en la biodiversidad, con tal de servirse en sus trapisondas dinerarias.

Gobernar y dictar leyes para el bien común (en este caso para señalados intereses), obviando la realidad natural, es simplemente, un genocidio a plazos. Es la posibilidad patológica y la imposibilidad de la existencia de cualquier desarrollo de vida, por el asesinato del desequilibrio de varios eslabones de la cadena biológica. Autoengaño a priori, por la codicia del hombre, que arraiga aún más, en sus primarios instintos irracionales, aunque ocupemos los mayores avances de la cultura y el humanismo en los albores del s. XXI.

El parlamento canario tiene legálitas, pero carece de autóritas en este patético acuerdo, para matar, a especies animales, vegetales y ecosistemas en los sebadales y todo su entorno, alterando el sistema por la implantación, manu militari, del hormigón armado, para tan solo, generar suculentos dividendos económicos en unos pocos mercachifles. Cuando se legisla, a sabiendas del daño que se origina, a corto y medio plazo, no es prevaricar: es bandolería contranatura de la peor calaña.

Teo Mesa

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