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El Viernes

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Tampoco las ínsulas iban a poder sustraerse de esta sensación ambiental de que a España le hace falta no sé si una cuarta modernización o un simple lavado de cabellera para limpiarse la caspa. De repente uno pregunta, y al punto le cuentan con pelos y señales, -y lo que es más importante, de forma documentada y contrastada- como existen periodistas procesados, editores perseguidos, anunciantes coaccionados y un sinfín de arbitrariedades que al amparo de una falsa impunidad o un espejismo de fiereza, han logrado tejer una serie de complicidades -no siempre demasiado translúcidas pero en absoluto indescifrables- entre apenas dos o tres personajes del poder político y algunos elementos -por fortuna muy singulares- del poder judicial. Esto ha facilitado un estado de cosas por el que algunos simples periodistas con escasa vocación de héroes de la comunicación -informar, formar, entretener- muestran quizás no demasiado orgullosos sus heridas. El voluptuoso, drástico y por ello singular cambio político que se ha vivido recientemente en Gran Canaria y el que parece que no se demorará mucho en llegar más ampliamente a otros niveles, -bastará esperar seis meses-, evidencia hasta que punto el ciudadano se apercibe de las rarezas cuando el mundo de la política y el periodismo las sufren. Ya ocurrió el 14-M hace tres años y algunos aún andan buscando, aunque en lugares equivocados, qué es lo que sucedió. “Mariano, tío, que te has estrellado a propósito”, le dice esta semana Acebes a un destartalado Rajoy en la viñeta de portada de El Jueves tras estallarse el líder del PP con su coche. Y éste responde tras el cartel de Record de accidentes: otro fracaso del Gobierno, con sus siempre sabias palabras y estrategias: “¡Pues claro, así le quitamos votos a ZP!”. Y es que la solución al enigma es simple: en una sociedad abierta, con la red irrumpiendo ya en una buena parte de los hogares, con un juego de poderes que -a trancas y barrancas- hacen valer su independencia y con electores a los que cuesta cada vez más engañar o distraer, la censura y el abuso impune son cada vez más complicados de ejecutar sin un fuerte coste público. Y bastantes veces una carcajada vale más que mil palabras como las mías. Ocultar los desafueros o hacer valer lo que la abortada asignatura de Educación para la Ciudadanía pretendía ilustrar en Canarias y definía sagazmente como actitudes corruptas, autoritarias o falaces en su entorno y en la vida pública, ya no son tan fáciles de llevar a cabo. Hay que recordar que ha sido precisamente aquí donde todo un presidente de la Audiencia Provincial de Las Palmas ha sido apartado de la carrera -y posiblemente recibirá un severo correctivo- por sus presuntas complicidades con la corrupción, el tráfico de influencias y el narcotráfico. Que ese juez hubiese tejido tras de sí toda una telaraña de intereses y amistades no debería extrañar a nadie, lo que resulta inaudito es que éstas no hayan sido igualmente investigadas y puestas a la luz y desde luego resulta osadía admirable -por decirlo en términos educados- que en otros casos parecidos al final los acusados sean los que denunciaron los desafueros y no los que los cometieron. Hasta un juez del Consejo General del Poder Judicial, con sede en Madrid aunque propuesto en su origen desde las Islas, admitió públicamente que había mediado en una operación del caso Eolo por razones familiares. Pero claro, empurar a un ya ex-magistrado superior por otro inferior resulta de una valentía que a veces otros jueces no poseen, pero sí la prensa libre, satírica o no. Todo se andará, y mi experiencia me dice que aunque los que derriban una puerta no son los primeros que pasan por ella, aún más ilusos son los que han tirado una piedra y, a pesar del descalabro, creen que no han dejado huella de su mano por mucho que el temor o la influencia la vayan difuminando. No hay que estar forzosamente de acuerdo ni reírse impostadamente con El Jueves, como tampoco hay que comulgar con las ruedas de molino que de lunes a domingo nos obsequian a veces los medios de comunicación, y éste que tan generosamente me alberga no es tampoco una excepción. Pero de ahí a maltratar, censurar, procesar o encausar a sus autores hay tal abismo, que aquellos que creyeron abarcarlo con la fuerza de sus propias manos verán como al final éstas se abrasan en el caldero de los malintencionados y los contumaces. En Francia, Le Canard Enchainé, la revista satírica por excelencia, posee una notable influencia política y desde luego que no ha sido engrandecida ni voceada por los políticos galos ridiculizados -allí no hay monarquía pacata ni políticos tan prepotentes e ignorantes-. Ni se interponen inútiles demandas, estúpidas agresiones o irracionales y contraproducentes boicots. Aquí, los Top Secret o confidenciales de este humilde medio de comunicación (ya tercero en la provincia de Las Palmas y quinto de toda Canarias, según los últimos datos de la oficial OJD, la única agencia creíble en medición de audiencias), lo han catapultado con libertad, riesgo, gracia, ironía e ingenio hasta lugares tan estelares que podría conceptuarse ya como un fenómeno original en el panorama mediático canario. Para llegar hasta aquí, harían falta decenas de millones de euros en inversión continuada y las dificultades para colocar un nuevo grupo mediático en tan astronómica posición a nadie del sector se le escapan. Ignoro quien escribe los citados confidenciales -ni quiero saberlo- ni como su plantel de periodistas ha logrado además elevar su información más convencional a niveles más que dignos, situar su emisora de radio entre las que pugnan por ser líderes de audiencia y difundir masivamente la prensa gratuita entre miles de familias que de otra forma jamás leerían un periódico. Pero a buen seguro que su esfuerzo les ha costado, que los socorros han sido escasos y que la travesía del desierto se ha realizado con apenas una cantimplora, envenenada además por algunos amigos, tan de sobra conocidos por sobrevolar estos lares y sus alrededores, y del que un zahorí me dice que pronto alcanzarán aún más notoriedad. Lo fácil era arrimarse al poder y lo difícil ejercer el periodismo. Bienvenida y bien hallada pues la información seria y contrastada, la libertad de opinión, la investigación tenaz y el humor, la ironía, el sarcasmo y la sorna en la crítica al poder. Y que esto no falte nunca.

Federico Utrera

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