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''¡Viva España!'' por EDITORIAL

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Al grito de "¡Viva España!" y apoderándose nuevamente de los símbolos de todos (bandera e himno nacional incluidos), los nostálgicos se han lanzado a las calles españolas esgrimiendo la excusa de la prisión atenuada para el asesino De Juana Chaos, un terrorista que ya ha cumplido su condena por asesinar a 25 personas gracias a las rebajas penales que facilitó el anterior presidente del Gobierno, José María Aznar. Los nostálgicos han llamado a la rebelión, a la revolución pendiente, como en sus mejores tiempos. Mariano Rajoy, preso de Aznar y los guardianes de sus esencias en el PP, no ha esperado siquiera a que el Gobierno compareciera en el Parlamento para explicar lo obvio, que es preferible radicalizar a los ultraderechistas y a los nostálgicos del PP que radicalizar Euskadi y dejar a los partidarios del proceso de paz sin un solo argumento ante los suyos para una hipotética salida pacífica al conflicto. En lugar de alinearse con el Gobierno en la lucha contra el terrorismo y con las leyes del Estado de Derecho, Rajoy ha preferido promover la algarada, resucitar el espíritu de los golpistas, de los nostálgicos, dar protagonismo al ala más reaccionaria que anida en su partido con tal de dañar la imagen del Gobierno de Rodríguez Zapatero. No le convienen las explicaciones del Gobierno porque encierran sentido común, porque le estropean la estrategia de la confrontación y de la crispación permanente. Si a los que se han manifestado estos días se les explicara a través de los medios de comunicación del PP que De Juana Chaos cumple ahora mismo condena atenuada por publicar un artículo contra la directora general de Instituciones Penitenciarias, la socialista Mercedes Gallizo, posiblemente se sentirían manipulados. En medio de la escalada de la sinrazón, Felipe González ha salido a decir en público que él hubiera hecho lo mismo. Es la eterna dicotomía entre la política de amplias miras y el miope que perdió las gafas el 14 de marzo de 2004. El ruido por el etarra al que se salva la vida para no ser como él está tapando el ridículo de la teoría de la conspiración montada por el PP y sus terminales mediáticas sobre los sangrientos atentados del 11-M. ETA sólo aparece en las mentes calenturientas de los promotores del invento y de algunos abogados, que quedan en ridículo nada más terminar de preguntar por tamaña estupidez en la sala de vistas de la Audiencia Nacional. Son, todas éstas, evidencias del mal encaje que tiene la derecha más radical que ahora mismo dirige los pasos del Partido Popular. Si en los últimos años de Felipe González fue capaz de montar un sindicato del crimen, ahora vuelve a la carga con conspiraciones imposibles y sacando a la calle a sus más acendrados hooligans. Y como Canarias no iba a ser menos, José Manuel Soria, el líder de un PP local que no merece tales afrentas, se empeña en una conspiración policial, judicial, política y mediática que persigue la corrupción suya y obvia la de los demás. El descubrimiento de que las filtraciones en todo caso han beneficiado a su partido son tan graves que, como mínimo, aconsejarían un prudente silencio. Un deseo quimérico en personaje incapaz de ver más allá de lo que ve su torpe lazarillo.

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