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Yahoos

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Es verdaderamente asombroso. He leído crónicas sobre este suceso y también algunos comentarios jocosos. Todos ellos coinciden en resaltar la inculta bobada de llamar a un recién nacido con el nombre de un buscador informático y hay quien insiste en el impacto futuro de la caprichosa decisión en la personalidad del menudo. Nadie piensa ni señala ni se preocupa por el punto en que reside la auténtica barbaridad de la elección. Los padres del pequeño Yahoo han elegido como nombre de su hijito una palabra que significa “hombre malo, egoísta, estúpido” y portador de todos los vicios y taras sociales que a un individuo se le puedan achacar. Esa es la cuestión. Y a mí fue eso lo que me impactó. Yahoo no es término que surja de la nada, un conglomerado de siglas o algo por el estilo. Un yahoo era el individuo, morador negativo del país de Houyhnhnm, donde sobresalía una raza de caballos justos, inteligentes y virtuosos, en contraposición a los representantes de la raza humana: los mentados yahoos (crueles, vengativos, avaros y todo lo nefasto que ustedes quieran imaginar). Espero que el crío mexicano de esta historia no se entere jamás. Lo que me extraña es que los periodistas y articulistas que se han ocupado del suceso se hayan quedado en la superficie del yahoo de sus ordenadores. ¿Es que ninguno ha leído Los Viajes de Gulliver? ¿O es que, si se han tropezado con Swift no han pasado de las divertidas historias de los liliputienses –permanentemente en guerra con los blefuecuenses por el desacuerdo acerca de cómo cascar los huevos duros- y de los ridículos gigantes de Brobdingsnag?... Lo de llamar a un niño Yahoo manda tela, por supuesto. Pero por razones que van mucho más allá de la informática, oigan.

José H. Chela

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