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ZP puede quemarse con Repsol

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No estoy defendiendo a estas alturas el nacionalismo económico ni la vuelta a la autarquía que llevó a este país a décadas de miseria, pero creo que en el libre juego del mercado de capitales hay que hacer una excepción con las empresas estratégicas que pudieran poner en peligro o condicionar el abastecimiento en bienes y servicios esenciales para la comunidad. No se puede jugar con la energía ni asumir el riesgo de que el centro de decisiones de la gran petrolera se desplace a Moscú.

La justificación que se ha dado en el caso de Repsol en razón de un compromiso de la rusa para que el presidente sea español me parece una broma o una burla a la inteligencia ciudadana. Es evidente que, sea quien fuera quien se encontrara al frente de una empresa, nacional o extranjera, respondería a las órdenes del propietario. Un presidente español no sería más que un dirigente de paja.

Estas ideas las he defendido en El Plural ante los intentos de invasión de E.ON en Endesa y no creo que en el caso de Lukoil se justifique un cambio de criterios sino todo lo contrario, pues además de lo dicho, hay que considerar que Lukoil es una empresa de un país que no pertenece a la Unión Europea.

Las otras razones que se han manejado respecto a la presencia mafiosa en Lukoil me parecen un poco cogidas por los pelos aunque sí es digna de consideración la influencia del Kremlin en la compañía así como la evidencia de que en Rusia no funciona una economía de mercado propiamente dicha, lo que extiende a Lukoil, en parte, las lógicas suspicacias aplicables a las empresas públicas que justificaron la oposición gubernamental a Gazprom. La propia Unión Europea ve con recelo el avance de las compañías energéticas rusas en el mapa continental. La normativa sobre el Mercado Interior de la Energía otorga poderes a los Estados Miembros para vetar la entrada de socios no deseados por lo que el Gobierno español no tendría los habituales problemas que dirimió en los tribunales europeos en el caso E-ON- Endesa.

Parece que Zapatero ha cambiado de opinión a este respecto, desde el veto a la petrolera rusa a la bendición de su entrada en la gran empresa energética española. El presidente asume un importante riesgo si finalmente decide no oponerse a la toma de posiciones de Lukoil pues sería un nuevo error a añadir a la errática y a veces contradictoria política industrial mantenida hasta ahora; primero lanzó el lema de "los campeones nacionales" para frenar a E.ON en Endesa para, acto seguido, propiciar que una empresa pública italiana, Enel, se hiciera con la mayoría del capital de la joya eléctrica de la Corona.

A nadie se le oculta que el asunto Lukoil trasciende el ámbito de los negocios para entrar de lleno en el político. Comprendo, sin embargo, que es una decisión sumamente difícil para el presidente del Gobierno pues entran en colisión fuertes intereses de grandes empresas españolas como Sacyr, La Caixa y en menor medida de otras entidades financieras, que pudieran plantear serios problemas productivos y de empleo. Me estoy refiriendo a lo que podría ocurrir si una gran empresa constructora como Sacyr, asfixiada por la deuda, suspende pagos como Martinsa o Aifos.

El presidente de aquella, Luis del Rivero, se alió en su día con José Luis Rodríguez Zapatero, al parecer por medio de Miguel Sebastián en su intento de controlar al BBVA desplazando de la dirección del banco a Francisco González. Luis del Rivero, que pasó de las filas del Partido Popular murciano a visitar asiduamente La Moncloa, está ahora muy afectado por la crisis del ladrillo que golpea a su empresa y no puede devolver su enorme deuda ? más de 9.000 millones de euros, la mayor parte procedente de la compra del 20 por ciento de Repsol ? salvo y solo parcialmente, vendiendo su participación en esta compañía al doble de su cotización actual. A la Caixa, que era la madre de Repsol y que puso al frente de la misma a Antoni Brufau, hasta entonces uno de los dos directores generales de la caja ? el otro era Isidro Fainé, su actual presidente - le viene bien vender su participación al mismo precio que, como digo, es el doble de lo que ahora ofrece la Bolsa. La Caixa que ha sufrido, como todas las entidades financieras, el derrumbamiento del ladrillo necesita liquidez y debe ser muy selectiva en sus inversiones.

Es una decisión difícil del presidente que tiene la responsabilidad de contemplar todas las implicaciones del caso y tomar una decisión pero si deja entrar a Lukoil lo tendría muy difícil para explicarlo a la ciudadanía. Quizás se pueda encontrar otra solución para evitar la quiebra de Sacyr, una empresa que ha demostrado hasta ahora una notable eficacia, sin necesidad de tener que tragar con la intentona rusa.

*José García Abad es periodista, escritor, director de El Siglo y analista político, en elplural.es

José García Abad*

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