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Las perdices son para escapar

Tras el acuerdo del IGTE, se sigue lejos de la plenitud y todavía existe mucho que convenir y transar

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No se sabe si habrán comido perdices pero aún quedan, en cálculos del candidato socialista al Congreso por la provincia de Santa Cruz de Tenerife, Francisco Hernández Spínola, siete mil setenta y tres millones de euros que el Estado debe abonar a la Comunidad Autónoma. Las perdices, para entendernos, a cuenta del acuerdo alcanzado esta misma semana entre los Gobiernos de la nación y autonómico para suprimir la compensación que el segundo debe abonar referida al montante del Impuesto General de Tráfico de Empresas (IGTE). En total, ciento noventa y tres millones de euros.

Por eso, el final feliz del cuento es relativo, sobre todo, si se da por bueno el montante de ese cálculo que hace el dirigente socialista que tiene por norma ser certero y riguroso. Esos más de siete mil millones de euros son muchos, claro; tantos como para indicar lo insatisfactorio del citado acuerdo como para barruntar una ardua negociación entre el Estado y Canarias a lo largo de los próximos años hasta que las demandas autonómicas se vean plenamente atendidas. Largo lo fiáis…

El caso es que si el acuerdo logrado se presenta como una prueba de que las cosas han cambiado en la relación Madrid-Canarias, no es menos cierto que los incumplimientos de lo reflejado en previsiones y acuerdos en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) en el período 2012-16; de lo previsible en inversiones como ingresos estatales en la interpretación de lo dispuesto en la Ley de Régimen Económico Fiscal (REF) de 1991; de lo establecido en esta norma revisada en 1994 para financiar un Plan de infraestructuras con el cincuenta por ciento de la recaudación líquida del propio IGTE y del volumen de déficit anual de financiación autonómica, no es menos cierto, decíamos, que el acuerdo no es para lanzar voladores. Está bien: las arcas autonómicas necesitan el ingreso (a razón de casi treinta y cuatro millones de euros mensuales a partir del 1 de enero de 2017, como liquidación del período 1993-2007) y quienes encontraron la fórmula para aliviar tensiones y avanzar un nuevo modo de relacionarse políticamente, dan pábulo a un contento que les viene de perlas en proximidades electorales.

Pero todo da a entender que se sigue lejos de la plenitud (de ahí que Hernández Spínola hable de “maltrato, desconsideración y agravio”, en la praxis gubernamental de los últimos años) y que todavía existe mucho que convenir y transar. Lo suficiente, vamos, como para seguir entretenidos, con socorridos lamentos y recurrentes reivindicaciones, sea cual el escenario que surja de la cita con las urnas del próximo 20 de diciembre, justo dentro de un mes.

Está claro, además, que las perdices no llenan. Son para escapar.

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