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124 años no es nada

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Porque Marx no sólo descubrió las leyes del desarrollo de la historia humana. Además enseñó la ley específica, la plusvalía, “que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él” (Federico Engels, marzo de 1883). A Marx le hubieran perdonado éstas y otras aportaciones. Pero de ninguna manera su actividad como militante revolucionario en la Liga Comunista y en la Internacional, que sus teorías inspiraran revoluciones en el siglo XX y que sus planteamientos principales estén recobrando un nuevo aliento en el XXI. Me toca, pues, recomendar alguna lectura para este fin de semana. Por ejemplo, el Manifesto Comunista. Sorprende que sus autores fueran tan jóvenes cuando lo escribieron (Marx tenía 29 años y Engels 27). Tantos años después conserva aportaciones que soportan con éxito el paso del tiempo. Muchos aspectos del Manifiesto carecen de actualidad, estaría bueno. Era imposible prever, por indicar un fenómeno posterior, el desarrollo del imperialismo tal y como se produjo o el futuro papel de los pueblos coloniales en la revolución misma. La realidad avala con contundencia su aportación sobre el concepto materialista de la historia, más vigente que nunca en esta época globalizadora y aplicado en el Manifiesto con gran capacidad de síntesis. Promueven la reflexión y el debate palabras del Manifiesto como las siguientes: “La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases”. Esto debe entenderse en un sentido amplio. También la guerra de Irak representa una expresión de la lucha de clases que enfrenta los intereses de una nación entera con los intereses imperialistas de Estados Unidos, y no sólo las huelgas de los trabajadores por mejores salarios. Además, “toda lucha de clases es una lucha política”. O esta breve definición admirable para descubrirla en aquellos tiempos: “El Gobierno del Estado moderno no es más que una Junta que administra los negocios comunes de toda la burguesía”. A que no está mal esta fórmula. Tras reconocer la necesidad de que los trabajadores se organicen para tomar el poder, “una vez que en el curso del desarrollo hayan desaparecido las diferencias de clase y se haya concentrado toda la producción en manos de los individuos asociados, el poder público perderá su carácter político”, es decir el Estado desaparece. Quienes achacaron a Marx el crecimiento del Estado soviético como parte inseparable de la construcción del socialismo no saben lo que dicen. Marx respondería hoy a estos analistas que, entonces, “yo no soy marxista”, además de recordarles que el socialismo no ha nacido todavía a pesar de las revoluciones en países de escaso desarrollo y gracias a las contrarrevoluciones del siglo XX, incluida la encabezada por la burocracia soviética. El conjunto de la obra de Carlos Marx contiene muchísimos tesoros para ayudar a aprehender el pasado y nuestro tiempo. Sin necesidad de mixtificarla ni convertirla en lo que nunca fueron ni sus teorías ni su método dialéctico: una especie de recetario para hacer milagros contra el capitalismo o una religión terrenal. Si animo a leer textos de Marx en el 124 aniversario de su muerte es, también, porque contiene recomendaciones para la acción y forma parte de una cultura y una tradición intelectual que merece heredarse. Para comprender hoy.

Rafael Morales

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