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El asesor canario de Rajoy

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Llevo siguiendo unos veinte años a este PP de mis anhelos, en sus campañas electorales, conferencias, entrevistas, almuerzos, mítines... Podría escribir no uno, sino media docena de libros sobre cómo fue la sucesión de Manuel Fraga y la de José María Aznar (y por qué ahora el primero quiere “aguarle” la fiesta al segundo con Rajoy, como a él se la empantanaron con Isabel Tocino), pero para eso ya están los de mi querido colega Graciano Palomo, uno de los mejores analistas de la derecha, buen conocedor de sus estrategias y sus azares (El vuelo del halcón, La maldición de Casandra...). Hasta de Don Mariano podría escribirse un grueso volumen, habida cuenta de que es el único líder político español que carece de biografía, por contraste con las numerosas existentes sobre Aznar, Fraga, Felipe, Zapatero, Pujol, Guerra, etc... ¿A qué este extraño silencio biográfico con alguien que aspira a gobernar a todos los españoles? No soy portador de ningún secreto sobre la adolescencia, juventud y escalada pública de Don Mariano, como imagino que tampoco lo guardarán los medios de comunicación habitualmente mejor informados de la Villa y Corte que tanta influencia poseen sobre él. Lo que me causa curiosidad es a qué se deben estos espacios en blanco y estas lagunas periodísticas, en una sociedad en la que la sobredosis informativa es abrumadora y de los políticos se sabe hasta lo más recóndito de su pasado. Canarias nunca ha importado demasiado a los conservadores, como lo demuestra la ausencia de ministros durante sus gobiernos. Olarte fue asesor en Moncloa con UCD, Bravo de Laguna alcanzó un liderazgo con Aznar sólo en las Cortes... Tengo delante mía la lista oficiosa del “Comité Asesor” de Mariano Rajoy, que está elaborando con sigilo para lograr un “golpe de efecto” en las próximas semanas, y que ha deambulado esta semana por la Junta Directiva Nacional. Y veo cómo, en efecto, el líder del PP está optando más que por un sucesor, por una nueva generación de populares. Y en el caso de que se estrelle en las urnas, que no sea uno sino varios los que le sucedan, para que sean estos los que elijan al nuevo líder y no la habitual dedocracia ni el sanedrín de notables que suele surgir en estos casos. Este fue el modelo que espontáneamente surgió en el PSOE ante el vacío que supuso el fracaso en la sucesión diseñada por el “aparato” con Josep Borrel primero y Joaquín Almunia después. Y de ahí surgió aquella mítica “Nueva Via” en la que -habrá que recordarlo- Juan Fernando López Aguilar tomó la palabra para sugerir a sus entonces escasos compañeros (Carme Chacón, Marcelino Iglesias, Pepe Blanco, Caldera...) que el líder debía ser un silencioso y anodino leonés llamado Jose Luis Rodríguez Zapatero. El resto de la historia ya es suficientemente conocida. En el borrador de “Comité Asesor” que maneja Rajoy sólo hay ocho personas y ojo porque si está escrito de puño y letra de don Mariano, su orden no es aleatorio: Nuñez Feijoo (Galicia), Daniel Sirera (Cataluña), Esteban González Pons y Gerardo Camps (Comunidad Valenciana), Lucía Figar (Madrid), María San Gil (País Vasco), Rosa Estarás (Baleares) y Dolores Cospedal (Castilla la Mancha). Se esperan todavía algunos más y, lógicamente, faltan autonomías. Pero si ya conocemos que las relaciones entre José Manuel Soria y Mariano Rajoy no son del todo cordiales desde ya antes que el primero, en momentos de recién llegado y debilidad del segundo, se negó a formar parte del organigrama territorial que deseaba conformar como nuevo líder del PP, obtendremos respuestas a muchos porqués. La debacle electoral de Pepa Luzardo, a la que en la sede nacional acariciaban como alternativa en caso de desastre soriano, y la metódica expulsión o aislamiento de todos los dirigentes críticos, han provocado que don Mariano haya dejado por ahora en blanco la casilla correspondiente a Canarias. Y les aseguro que, tal y como se avecina la próxima primavera, aquel (o aquella) responsable del PP que reúna el perfil de renovación y juventud y no haya salido “quemado” de estos últimos comicios en las islas -donde la pérdida de votos y poder local ha sido muy evidente- va a tener el privilegio histórico de intentar hacer renacer de sus cenizas a la derechona, que diría Francisco Umbral, con un nuevo liderazgo, equipo y maneras. Y una vez abiertas las ventanas en Génova 13, será muy difícil seguir manteniendo el ambiente inquisitorial de ultratumba, camarilla y opacidad con el que se manejan los populares en el Archipiélago.

Federico Utrera

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