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Bancos sanos y sociedad enferma

El neoliberalismo europeo, que lidera Alemania, considera que la cronificación de la precariedad y la pobreza, la fragilidad laboral, la desindustrialización y los déficit de la formación son las pautas a seguir.

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Hace apenas una semana Le Monde titulaba a toda plana que se estaban produciendo “malas noticias para la economía alemana”. Era el inicio de un caudal de informaciones que anunciaban una nueva recesión económica en Europa. Tanto en Alemania como en Francia la caída de las exportaciones y de la actividad industrial y la disminución de las inversiones habían conseguido hacer bajar el PIB en unas décimas, un indicativo de que las cosas no van bien. A pesar de que el ministro alemán se apresuraba a desmentir la recesión en Alemania y a apuntar que el decrecimiento de su economía era debido a una rebaja de las previsiones, los institutos de coyuntura anunciaban tiempos complicados para la economía más fuerte del viejo continente y no se escondían para decir que era absolutamente imprescindible que se pusiera en marcha un plan de inversiones públicas capaz de dinamizar la actividad económica.

Como quien oye llover. Ángela Merkel, a pesar de todos los avisos y de que los indicadores del paro, la inflación y el saneamiento de la banca son negativos, se mantiene firme en sus políticas de ajustes y recortes a mansalva. Al tiempo que el pánico vuelve a rondar por los escenarios económicos de Europa y del mundo, la canciller alemana insiste una y otra vez en que el ahorro debe ser el santo y seña de la economía de la Comunidad. Nada, por tanto, de flexibilizar el déficit, ni de poner en marcha planes de inversiones, ni de modificar el Pacto de Estabilidad.

El monstruo de la depresión económica, que atenazó a la Unión Europea en 2008 y 2012, vuelve a mostrar su perfil más fiero y anuncia una peligrosa tercera recesión. No sirven de nada las llamadas a un cambio de rumbo de EEUU y de organizaciones internacionales. Algunos expertos advierten que mientras el paro no deja de aumentar en Europa, en EEUU ha bajado hasta situarse en los niveles previos a la crisis y que desde 2011 hasta ahora la economía europea ha caído en un 0,4 y, sin embargo, en EEUU ha crecido un 5,2%. Luis Garicano apunta incluso a una “japonización” de la economía europea con oscilaciones entre crecimiento cero y años de caídas. El BCE advierte sobre el riesgo de un estancamiento duradero y de que son necesarias reformas incentivadoras, pero paradójicamente se constata que el Banco europeo de Inversiones dio en 2013 menos créditos que en 2009. Pero quien manda, manda y además no quiere renunciar a que se note quién lleva las riendas de la política y la economía europeas. Y se muestra insaciable. Al tiempo que Francia e Italia atraviesan unas situaciones sumamente peligrosas que ponen en riesgo su paz social y su economía (y la desaparición de las socialdemocracias tradicionales), Merkel insiste en que el modelo de actuación debe ser el que se ha desarrollado en Grecia, Portugal y España.

El neoliberalismo europeo, que lidera Alemania, considera que la cronificación de la precariedad y la pobreza, la fragilidad laboral, la desindustrialización y los déficit de la formación son las pautas a seguir. Entiende que la reducción de 85.000 millones de euros al Estado de bienestar es el camino adecuado. Cree que el que uno de cada cuatro niños se encuentre en España bajo el umbral de la pobreza es un dato óptimo. Piensa que el modelo de futuro es el que acaba de exponer la Fundación Foessa y Cáritas en su “VII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España 2014”, elaborado por más de 90 expertos de 30 universidades. Según estos investigadores, el modelo de desarrollo que nos imponen genera desigualdades salariales, limitadas capacidades redistributivas del sistema de impuestos y un sistema de prestaciones cada vez más reducido. La población en situación de integración social es una estricta minoría y la excluida se sitúa en un 25% (casi 12 millones, 5 de ellos en exclusión severa); los recortes en sanidad, educación, prestaciones sociales y apoyo a la dependencia son cada vez mayores; se ha conseguido “expulsar” a una generación del empleo…Incluso el 15% de los que tiene empleo también viven miserablemente También en “IGUALES: Acabemos con la desigualdad extrema. Es hora de cambiar las reglas”, Intermón Oxfam asegura que debido al fundamentalismo del mercado y la captura de la política por las élites, en el último año, las 20 personas más ricas de España incrementaron su fortuna en 15.450 millones y poseen hoy tanto como el 30% de la población (casi catorce millones). El 1% de los españoles más ricos tiene tanto como el 70% de los ciudadanos. Igualmente, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) advirtió recientemente que España tardará 15 años en recuperar los puestos de trabajo perdidos durante la crisis.

Y lo ha hecho tan bien el Gobierno de Rajoy que tiene que culminar la tarea. La OCDE lo felicita, pero pide que se aumenten los esfuerzos incrementando el IBI, reduciendo cotizaciones sociales y no subiendo los salarios; el Banco de España insta a que se suba el IVA y a que se reduzcan las cotizaciones; el FMI clama por más impuestos a los ciudadanos, más facilidad para bajar los sueldos y subir el IVA y bajar el impuesto de sociedades; la gran empresa representada en el Consejo para la Competitividad exige reformas liberalizadoras; el BCE aboga por eliminar las rigideces en el mercado laboral; el ECOFIN demanda otra reforma laboral y que se suba el IVA; Bruselas amenaza con un nuevo déficit para España en 2015 y requiere que se suba el IVA, se bajen las cotizaciones y se apliquen nuevas reformas… Eso sí, los responsables de la “Troika” y sus funcionarios están entre los mejores pagados del mundo.

Pero la banca española va estupendamente. Frente a otras bancas de Italia, Grecia, Bélgica, Francia, Alemania, Austria o Portugal, entre otras, la española ha superado el test de estrés del BCE con buena nota y ocupa el décimo puesto en solvencia. Proclaman con orgullo desde el Gobierno y sus voceros que ¡España va bien! Se ha conseguido sanear a la banca mientras el Estado sigue aumentando su deuda y su déficit dado que, para conseguirlo, ha tenido que pedir prestados más de cien mil millones de euros. Y, de paso, se aprovechan de sus tarjetas “black”, de sus dietas y emolumentos millonarios, de sus indemnizaciones vergonzosas. Se financian gratis sus partidos…Y se deja tirados a los estafados por las preferentes. Y se sacrifica a la sociedad sometiéndola al paro, la pobreza, la exclusión y la pérdida de derechos sociales y laborales.

La austeridad que abre enormes brechas sociales y merma el Estado de derecho y el Estado de bienestar se ha convertido en un instrumento de control social por parte de las élites políticas y económicas con la excusa de solucionar la crisis. Se ha utilizado como una herramienta eficaz para someter a la política y a las instituciones, para vaciar al Estado y jibarizar lo público. Como dice Antón Costas se la ha usado como un principio moral bueno en sí mismo, al margen de la economía. Y las consecuencias son cada vez más dramáticas para la sociedad que se empobrece y pierde derechos y para la democracia que ve como una parte de la ciudadanía desconfía de la política y las instituciones o abraza posiciones de extrema derecha racistas, xenófobas, antidemocráticas y violentas en la mayoría de los países europeos. La austeridad que sacrifica a la mayoría y la corrupción estructural que corroe las entrañas del Estado transitan una vía realmente peligrosa de incalculables consecuencias. Y en España, para las élites instaladas en el sistema, todo lo que lo cuestione es fruto del populismo. Profundo razonamiento que pretende despreciar el intenso malestar de la ciudadanía.

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