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Un bocazas

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En fin, el señor obispo debería saber que las inocentadas acostumbran a girar en torno a temas más intrascendentes, como que se va a cubrir la plaza mayor de una ciudad, que en Segovia van a acristalar el acueducto para evitar corrientes de aire, o que los aviones ofrecerán masajes gratuitos a sus pasajeros, por ejemplo. Desde luego, con los abusos sexuales a niños es mejor no gastar bromitas. Aunque supongo que al señor obispo de Tenerife ya le han debido leer bien la cartilla. O al menos, eso espero.

Entrar a analizar las barbaridades dichas por el señor Álvarez ni vale la pena. Lo ha puesto demasiado fácil, no cabe la crítica ante lo obvio. Aunque no está de más recordar que la Iglesia católica sufre desde hace años un serio problema con los casos de abusos a menores que se han dado entre sus filas. En julio de este año, el arzobispado madrileño fue condenado como responsable subsidiario de un caso de abusos cometido por un sacerdote contra un niño de 12 años. Aunque esto no es nada comparado con el aluvión de denuncias que desde hace años se viene produciendo en Estados Unidos y que las diócesis afectadas han ido silenciando a golpe de talonario.

Desde un punto de vista estrictamente objetivo, lo deseable y lo más recomendable para cualquiera que vista sotana en el planeta es condenar cualquier tipo de abusos o, en su defecto, callarse. Lo que ha dicho este hombre no es sólo un error, es una inmoralidad. Yo, desde luego, no me fiaría de alguien que piensa que los menores "provocan" que se abuse de ellos.

Esperanza Pamplona

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