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El cabaret místico de Alejandro Jodorowsky

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Magia que se figuraba intrínseca en un título como The Ilusionist, el cual trata sobre la vida del mago Eisenheim, quien revolucionara la Viena de finales del siglo XIX y principios del XX. Magia que también figura en el relato de The Fountain, la última realización del director Darren Aronofsky, místico y mágico relato que bucea en la búsqueda de la fuente de la eterna juventud. Su presentación en Sitges logró que las críticas vertidas hasta ese momento por la prensa especializada se transformaran, por arte de magia, en elogios y más de una lágrima por la belleza de las imágenes que destila de película de Aronofsky. Y magia en la lección magistral de Alejadro Jodorowsky, uno de los artistas e intelectuales que más responden al prototipo de hombre renacentista que tanto bien hizo a la oscurantista Europa de finales de la edad media. Jodorowsky, quien disfrutó de un ciclo con algunas de sus mejores realizaciones cinematográficas, después de varias décadas de disputas por los derechos con su productor, ofreció a un abarrotado auditorio una muestra de su genial Cabaret Místico. ¿Y qué es el Cabaret Místico de Alejandro Jodorowsky, se preguntarán? Pues solamente la oportunidad de disfrutar de las palabras, experiencias y la psicomagia de un hombre que ha logrado entender algunas de las claves de la vida y no duda en contárnoslo. Puede parecer fácil lo que hace, pero no lo es. Hace falta una mente muy bien organizada y un profundo conocimiento del espíritu humano para poder decir lo que Jodorowsky expresa delante de un auditorio como el que se había reunido en el Meliá Sitges. La vida es todo. Es un conjunto de causas y azares, sincronicidades, accidentes, pérdidas, regalos, oportunidades… Es un gran inmenso caos oscuro, laberinto por el que tú avanzas, mirada por la lámpara de la conciencia. Piensen que el artista, cineasta, escritor, chaman, psicomago y Gurudowsky como el mismo se autodenomina ante sus hijos, lleva recorrido un largo camino existencial, similar a los que llenan las páginas de un guión de cine. Nacido en Chile, formó parte de la vanguardia cultural del país, conociendo al mismo Pablo Neruda, antes de mudarse hasta el París de los años cincuenta. Allí, junto con el filósofo Fernando Arrabal formará el movimiento Pánico, a la vez que se relaciona con personas tan importantes para el pensamiento contemporáneo como André Breton. Tras París, Jodorowsky marchará hasta Méjico, comenzando una carrera de cineasta marcada por los problemas -estuvo a punto de ser linchando y algo más al presentar su primera película Fando y Lis- y los títulos de culto. Películas como El Topo y Santa Sangre son consideradas verdaderos clásicos del cine existencial y fantástico, llegando a contar con admiradores como el mismísimo John Lennon. El fracaso en su intento de llevar a la gran pantalla el épico relato de Frank Herbert, Dune, película en la que trabajó durante un lustro, llegando a implicar a Orson Welles, a Salvador Dalí, a Moebius y a H.R. Giger, forman parte de la misma historia del séptimo arte. Por fortuna, su trabajo y el de Moebius terminarían siendo utilizados en la obra gráfica El Incal, maravillosa simbiosis entre imágenes y palabras, algo sólo al alcance de dos genios como él y el artista francés Jean Giraud. El director, además, es muy crítico con el cine actual, según él Steven Spielberg es una de las mayores losas que debe soportar el cine actual, propugnado una solución a la falta de ideas de buena parte de la industria. Te tienes que comprar una maquinita digital y empezar a hacer tus propias películas, con tus amigos, con tus perros, con tus gatos y con actores fracasados. Luego juntarte con otros pequeños cineastas y abrir un pequeño cine donde proyectes tus películas en las noches a partir de las 12 de la noche todos los días, entrada gratis. Ese es el futuro del cine. Los problemas contractuales con el que fuera su productor cinematográfico -razón por la cual sus películas han estado varias décadas guardadas sin poder revisarse, salvo por las copias piratas que el mismo Jodorowsky entregaba a quien estuviera interesado en visionarlas- no lo amedrentaron creativamente. Es más, tras su primera experiencia cinematográfica en Méjico, Jodorowsky regresó a Francia y estuvo trabajando con el más grande mimo de la historia, Marcel Marceau. En esa época también publicó sus primeros cómic –El dios lama y Alef Than- y comenzó sus sesiones en su Cabaret Místico. En los años sesenta alquilé un local en París para dar una serie de conferencias. El primer día le dije a los asistentes, unos cuarenta, si quieren que esto dure más de un sesión deberán ayudarme a pagar una parte de local. Mientras ustedes estén interesados, yo seguiré viniendo cada semana. Y el caso es que aquello duró veinte años. Cada vez que me enfrento a un auditorio sólo pretendo aportar algo que les ayude a evolucionar, a mejorar. Por ejemplo, recién hoy, por la mañana, me encontré. Voy a comenzar mi vida, por fin, qué felicidad, valía la pena. La vida no tiene sentido, hay que vivirla. ¿Psicomagia o simplemente magia? Difícil de saber es. No obstante, mientras el Cabaret Místico duró, dio la sensación de que el tiempo, tal y como lo conocemos, transcurrió mucho más despacio, ayudando a que dejáramos atrás los requerimientos de nuestra artificial y acelerada vida. Para despertar la conciencia y sentir haz un hoyo en la tierra, acuéstate en el hoyo y que tus amigos te tapen dejando sólo tu nariz y tu boca para que respires y ponte a morir. Cuando mueres allí mismo y ves tu personalidad adquirida como si fuera un perro útil, entonces, ya te encontraste. La verdad es que, por mucho que lo intente, no lograré transmitirle los sentimientos que recorrieron las mentes de los allí congregados. Lo que sí les puedo asegurar es que, durante un momento, parte de nuestra vida tuvo un cierto sentido. Para terminar, una de las claves que nos regaló Alejandro Jodorowsky durante su Cabaret Místico. Una clave para lograr engarzar las ideas y los principios en que los que cree y mantener un nexo con la realidad. Hay una llave que es la meditación. Meditar es inmovilizarse unos cuantos minutos diarios. Cesar de ponerse temas, eliminar frases del cerebro y comenzar libremente a observarse, sin miedo. Esto permite salir de la cárcel de lo racional y entrar, poco a poco, en la inmensidad que somos.

Eduardo Serradilla Sanchis

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