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Otra de cainismo

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Nada diré del contenido del texto porque cada cual es libre de hablar de la verbena según le vaya; pero, sobre todo, por eso me ocupo de la vomitona, porque la intención del escrito no era golpear a Jerónimo Saavedra, aunque algunos de los firmantes pudieran habérselo creído y obrar de buena fe.

Creo que, al margen de los errores que haya podido cometer el ex alcalde en alguna de sus decisiones, resulta simplón calificar de fracaso que no lográramos la capitalidad cultural. Y digo simplón porque no se trataba tanto de obtener el galardón, que también, como de que el intento aunara voluntades y movilizara a grupos colectivos sociales en pos de ese objetivo. No se consiguió, hubo decepciones y no pocos cabreos, entre ellos el del propio Saavedra, pero pienso que el verdadero fracaso sería no aprovechar el impulso y lo que podamos haber ganado en autoestima. Toda ciudad necesita de una meta, de un ideal común, definir adonde quiere ir para ponerse en pie y echar a andar. Es caminar lo importante, que lo demás vendrá o no por añadidura. Pero eso no lo contempla el escrito porque no van por ahí los tiros.

No trata el redactor de combatir la concepción que de la cultura tenga Saavedra oponiendo otras ideas sino de utilizar al ex alcalde para atacar, de forma burdamente solapada, a la productora Dania Dévora a la que se presenta como beneficiaria de los "caprichos" de Saavedra. Se le ve demasiado el plumero al redactor del escrito que olvida, en su embestida cainita, que fueron gobiernos municipales del PP quienes le encomendaron la mayor parte de los proyectos que ha realizado hasta la fecha por dos razones fundamentales. La primera, la larga serie de años en que los peperos han gobernado la ciudad, lo que supone un mayor espacio temporal para encargarle cosas; la segunda, no menos importante, la presencia de la concejala de Cultura Isabel García Bolta que ha demostrado saber de qué va esto y actuado sin sectarismos partidarios. Ocultó, en fin, el autor del escrito que Saavedra siguió confiando en Dévora, a la que conoce muy bien por su trayectoria y afinidades personales por lo que no le resultaría ingrato tirar de ella. Una confianza justificada, de puro sentido común, pues no en vano, aspecto que también elude el escribidor cainita, Dévora es bien conocida y valorada fuera de las islas, en ciudades españolas, en otras tantas extranjeras y en organismos internacionales para los que ha desarrollado proyectos; sin contar con que hace unos años ganó el premio Grammy.

Dania Dévora, aunque se haya querido ignorarla, es profesional conocida, de sobra contrastada aquí y lejos de aquí y a la que debe Las Palmas de Gran Canaria no poco en su campo; desde el Womad, que también realiza en otros sitios, al "Don Juan" que de un tiempo a esta parte se pasea por Vegueta a principios de noviembre; o esa "Electra" con no pocos actores canarios estrenada en el Pérez Galdós y que viajó a la Península; a Mérida, por ejemplo.

Que sólo mencionara el escrito a Dania Dévora para reducir sus merecimientos al supuesto dedo saavedriano me hizo ver debajo del escrito la negra envidia de su seguro muñidor que satisface así sus bajas pasiones y cree propiciarse, de paso, el favor del alcalde Cardona. El cainismo tiene que ver con la mezquindad, ya saben, y podría arruinar la labor cultural de la recién estrenada corporación.

Me resta, para terminar, despedirme hasta después de las vacaciones; de las que espero no se entere la Merkel que tanto se queja de la excesiva propensión hispánica al ocio.

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