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La calle es mía

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Para Soria el parlamento fue un funeral. Se entiende el símil porque esta vez no se prevé que toque poder regional en cuatro años, algo a lo que no estaba acostumbrado el líder popular. Aunque él se refería a la actitud tristona y desmotivada del presidente, que al parecer no puede vivir sin el ex vicepresidente. Le podía haber cantado la canción de Amaral que Rubalcaba dedicó al diputado pesado y reiterativo del PP que le pregunta en cada comparecencia sobre el caso Faisán: sin ti no soy nada, Paulino.

Nuestras señorías no tienen razones para estar tristes con los 3.400 euros netos al mes que cobran los liberados, además de un iPhone 4 gratis con tarifa plana y un iPad. A lado de los mileuristas son unos privilegiados. Claro que éstos también lo son al lado de los parados. Y si comparamos el sueldo de los diputados con los de los banqueros, sería para llorar. ¿Todavía hay quien se pregunta si mandan los mercados?

Mientras la policía de Dominica y Cardona desalojaban a la fuerza a los indignados que acampaban en el parque de San Telmo, algunos diputados preparaban el pleno en el hotel Mencey rodeados de boato y lujo.

La delegada del Gobierno y el jefe de la Policía Nacional han asegurado que los agentes se comportaron divinamente con los acampados. Quizá por eso algunos de ellos vieron las estrellas tras porrazos celestiales.

Está claro que la época hippy de Dominica y Cardona ya ha pasado, aunque como políticos que representan a la ciudadanía deberían identificarse más con ella y sus problemas que con los privilegios de los de su clase.

Los políticos dan siempre bandazos. Pasan de rescatar a los bancos con millones a querer fijar un impuesto a los ricos. Su lenguaje es muy abstruso. El de la calle es más comprensible. Por eso siempre los corren a gorrazos.

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