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La cascada que viene

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Objetivamente y, en principio, si no se da una casualidad muy rara, tal previsión parece demencial, pero cualquiera dice eso a los pleitistas. Habrá más cargos de primer nivel para las huestes de Soria e ignoro cómo se repartirán. En cuanto a las facciones coalicioneras insulares ya están reclamando las partes de sus partes. Los palmeros, no sólo exigen que Castro sea el nuevo titular del Parlamento, sino una presencia visible y notable en la mesa del Gobierno. Los herreños no se quedan atrás. De tal suerte que el Ejecutivo que ha de gobernarnos, como sucede desde hace tanto, no estará integrado por gentes capacitadas para ello, sino por personas designadas para ejercer un protagonismo, sin más méritos que ser afiliados de una u otra isla y hallarse en el sitio adecuado –para ellos- en el momento adecuado -para ellos y para desgracia de los administrados-. El fenómeno, además, se desarrolla en plan cascada, de modo que los cargos intermedios –vices y directores generales principalmente- entran a formar parte de la pedrea de esta especie de lotería surgida de una reinterpretación –legítima, pero torcida- de la voluntad de las urnas y, en estos momentos, ya hay muchos de esos segundones del poder que están limpiando sus despachos y haciendo las maletas, porque saben que van a ser desalojados por los agraciados en el sorteo de los amiguismos partidistas, de los apaños insulareños y del dedismo coyuntural. Son pocos los damnificados por la torrencial corriente de nombramientos que se avecina que tengan un trabajo anterior al que retornar o un prestigio laboral al que aferrarse. Llegaron donde están por la misma vía que quienes los sustituyen. La política también genera dramas económicos: a veces, ay, las canonjías duran menos que las hipotecas.

José H. Chela

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