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El chapucero infumable

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Soria siempre fue un bluf, un chapucero de marca mayor que dejó pufos infumables en el ayuntamiento. Vendió su falsa imagen de buen gestor y técnico comercial del Estado. A muchos engañó este vendedor de humo y césped artificial maquillado con pintura acrílica de todo a cien.

Él y su equipo nos quisieron vender una gestión impecable, pero al final todos, excepto sus secuaces más incondicionales, han visto que el resultado es poco edificable, a pesar de lo que construyó fuera de la ley. Parafraseando a Groucho Marx, desde la nada llegó a las más altas cotas de la miseria.

Ahora, este personaje megalómano y soberbio, este ser ombliguista trufado de divismo con olor a perfume barato y naftalina, nos ha obsequiado con un inolvidable regalo de reyes: otra sentencia condenatoria, esta vez por permitir la construcción ilegal de la biblioteca pública del Estado. Antes fue el edificio de la supercomisaría o las torres del canódromo. En realidad podría hacer una interminable lista de chapuzas urbanísticas que han arruinado la ciudad y su atildado estilo de caballero inglés venido a menos.

Soria celebra su cumpleaños el mismo día en el que el rey llega a los 73 eneros. Dos décadas separan a estos dos altos hombres públicos, aunque para Gardel veinte años no es nada, a pesar de su febril mirada, errante en las sombras, la frente marchita y la sien plateada.

Este hombre, que escoge candidatos a dedo como hizo Aznar con Rajoy, no pagará con su patrimonio sus numerosas chapuzas. Las indemnizaciones saldrán del dinero de todos. Hasta la tarta de su cumpleaños se la pagaremos hoy nosotros, pero él ni nos dará las gracias ni pedirá perdón. Antes muerto que sencillo. Así es este chapucero infumable que eligió un mal día para dejar de fumar.

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