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El churro

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Lo importante es saber con qué ingredientes se hace el churro, quién pone la harina, quién la sal, quién el aceite y, sobre todo, cuánto va a ganar el churrero. También podríamos preguntarnos quién se quedará al final con los beneficios de la venta del churro. Sabemos que este churro lo encargaron los gobiernos derechistas europeos y el Fondo Monetario Internacional. Otro dato importante es que este churro no lo hacen para quitarnos el hambre, para combatir el paro, sino para "calmar los mercados". Así que quizá lo de menos es cuánta sal tiene, o si el aceite es de oliva o de girasol. Los mercados son muy cabrones, así que lo que les interesa es un churro que se pueda hacer con ingredientes baratitos y vender muy caro. Como cualquier empresa en la bolsa.

Me puse anoche a escuchar tertulias en la tele. Todo el mundo hablaba del churro. Es bueno, es malo, es soso, es necesario, no cumple sus objetivos. Más del 90% de tertulianos coincide en que hay que reformar el mercado de trabajo. Algunos argumentos son metafísicos: "no servirá para crear empleo, pero nos dará credibilidad como país". Otros son tragicómicos: "Zapatero no tiene credibilidad, lo mejor que puede hacer es dimitir y que venga otro presidente y reforme el mercado laboral". Otros nos dicen que este churro debe ser sólo un aperitivo: "esta reforma del mercado laboral es sólo un primer paso, pero habrá que pactar otra más profunda".

No tenemos el texto de la reforma laboral que propone el gobierno. Según los periódicos si existen causas económicas, si la empresa demuestra pérdidas durante 6 meses, el despido costará 20 días por año trabajado en lugar de 45. Esto ya está recogido en la ley, pero parece que a los empresarios les costaba demostrar que estaban en pérdidas y ahora será más fácil esa demostración. En el 80% de los despidos actuales los empresarios se inventan causas disciplinarias, después reconocen ante el juez que fue improcedente, pagan la indemnización, el trabajador en la calle y ellos a seguir con el negocio.

Las causas económicas también pueden servir para suspender acuerdos sobre subidas salariales o condiciones laborales. Además el Fogasa pagará con dinero público parte de las indemnizaciones de los despidos improcedentes. Las Empresas de Trabajo Temporal podrán hacer de mercaderes de trabajadores también en el sector de la construcción. Con estas medidas supongo que ya se van dando cuenta que por muchas críticas que haga la patronal, el que sale frito como un churro con esta reforma laboral es el trabajador. Y anuncian que para después del verano subirá la temperatura del aceite.

¿Y qué hacer cuando el marco de las relaciones laborales se convierte en un churro?¿Cómo reaccionar cuando los mismos que reconocen que la crisis la provocaron los especuladores financieros ceden ahora ante los chantajes de esos especuladores, intentan ahora calmar a la fiera en lugar de combatirla? Pues hay dos posturas. Sí, sólo dos. Hay una posición mayoritaria en tertulias radiofónicas, televisivas y en columnas de opinión. Son muchas voces, diferentes tonos, unos piden tirar a Zapatero a la marea, otros solicitan que pidamos la beatificación del presidente del gobierno, unos consideran que ZP es una víctima de la crisis, otros creen que ZP nos hundió por esconder la crisis, unos creen que ZP no es perfecto pero con Rajoy iríamos a peor, otros defienden que si no viene Rajoy acabaremos en el abismo. Tienen montado un teatro maravillo y nos entretienen con sus análisis sobre dos actores.

Pero ¿qué opinan del guión?¿Y de los directores de la obra? Pues opinan que hay que seguir el guión, hay que hacer reforma laboral, y recortar los gastos sociales, y ajustar los presupuestos. Hay que calmar a los mercados. Hay que resignarse. Hay que joderse.

Hay otro discurso que apenas se escucha en tertulias o se lee en periódicos. Hay gente que plantea que no tenemos porqué resignarnos. Que hay que movilizarse. Que hay que pedirle a los gobiernos que no se sometan al chantaje de los mercados financieros, que legislen para recuperar la democracia, que le paren las patas a los sinvergüenzas del Fondo Monetario Internacional, que no desmonten el Estado de Bienestar, que recorten de forma importante los gastos militares, que no privaticen las cajas de ahorro, que no se ayude a los bancos con dinero público a cambio de nada. Hay gente que pide a los sindicatos que abandonen los despachos enmoquetados y se acerquen a la calle, a las colas del paro, a los comedores sociales. Les piden que se movilicen por los que no tienen nada. Toda esa gente que apenas tiene representación política o sindical tiene una cosa en común: no quieren acabar fritos como los churros. Nunca me imaginé apoyando una huelga general contra un churro, pero habrá que movilizarse para no morir quemados en aceite barato.

Juan García Luján

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