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El círculo vicioso

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El Círculo de Empresarios de Las Palmas aterrizó en las páginas dominicales de la prensa insular para arremeter duramente contra el Gobierno canario y de paso respaldar la postura del partido de la derecha nacional, cuyo hombre en Canarias es José Manuel Soria, a la sazón ministro de Turismo, Industria y Energía del ejecutivo que preside con parsimonia y múltiples contradicciones el gallego barbado Mariano Rajoy, ese político que se las prometía felices hasta que se dio de bruces contra la realidad, ese pirata de la política que prometió que iba a hacer una cosa desde que llegara al poder para sacarnos de esta crisis atosigante y que al final ha hecho todo lo contrario a su juramento, lo que sería razón suficiente para que dimitiera o lo hicieran dimitir.

"La realidad me ha hecho cambiar", dijo solemnemente este daltónico político a la prensa sin inmutarse lo más mínimo, resaltando así la mayor característica de su carácter. Esa realidad con la que él se topó de frente es la misma que debería haber cambiado también el voto de los millones de personas que confiaron en él para sacarnos de esta.

Es poco aleccionador ver cómo la hilera de empresarios isleños más relevantes se alinean sin ningún pudor con Soria y Rajoy. Que sean votantes del PP no les confiere autoridad para suscribir un manifiesto público contra el Gobierno de Canarias, formado por nacionalistas y socialistas. En todo caso que lo firmen como militantes o simpatizantes del PP.

Su comunicado institucional no tiene importancia alguna, aunque tampoco tiene ningún desperdicio porque así comprobamos nuestras sospechas de quién es quién. El culpable de todos los males económicos de nuestra tierra es el Gobierno autónomo, según estos prebostes de la economía y la empresa.

Los del Círculo de Empresarios harían bien en formar un partido, al estilo del que quiere Mario Conde, el banquero bandido y delincuente que ya penó sus delitos en la cárcel, y no hacer política desde la tribuna de la empresa.

Sabemos que estamos gobernados por tecnócratas. De hecho Rajoy lo es porque se limita a aplicar a pies juntillas lo que le mandan desde Bruselas y Berlín. La política ha quedado marginada de la actividad cotidiana de la democracia. Manda la pela, o sea, el euro.

Los reputados y distinguidos dirigentes empresariales canarios han tomado partido. Nacionalistas y socialistas son los malos mientras que los conservadores patrios son los buenos de la película. Se trata de un círculo vicioso que solo es capaz de alentar estúpidamente otro círculo: el de empresarios.

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