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La ciudad donde vivo

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La ciudad fue creciendo mirando al mar. El mar vio llegar a moriscos, feincios, castellanos e ingleses. La ciudad fue barrio señorial y arenales. Sus gentes levantaron iglesias para alimentar el espíritu y plataneras para matar el hambre. La ciudad fue cruce de caminos y destino final. La ciudad fue africana, y castellana y también inglesa. Fue ciudad de personas y personalidades. Fue la ciudad de los Millares, de los Massieu, de los Negrín, pero también fue la ciudad de Andrés el Ratón, de Pepe Caña Dulce y de Lolita Pluma.

La ciudad fue sólo Vegueta y Triana, también fue Isleta y Arenales. Pero la ciudad fue creciendo y creciendo. Rehoyas, La Paterna, San Roque, Tamaraceite, Tenoya? Creció tanto que nacieron otras ciudades. Fue ciudad alta, ciudad baja, ciudad centro y ciudad periferia. Lo peor es que sus gobernantes sólo miraron para el centro más cercano, sólo pensaron en la parte más comercial. Y los barrios miraron con desconfianza a sus gobernantes.

Después de décadas de silencio y lucha llegó la ciudad democrática. Pero los mandamases se olvidaban de la gente. Las termitas se comieron el viejo ayuntamiento y los gobernantes se mudaron al Hotel Metropole. Entonces los personajes que la turista Agatha Cristhie había inventado durante su estancia en el viejo hotel inglés invadieron los despachos del poder y fue imposible gobernar más la ciudad en medio de mil intrigas. Primero se alquilaron alcaldías. Después se pasó del Hotel de los líos al fortín de los dictadores. Los gobernantes dieron la espalda a los vecinos. Gobernantes al servicio de don cemento y don dinero hicieron trampas, pisotearon las leyes y, lo más grave, despreciaron a los vecinos?

Y así llegamos hasta ayer. Vinieron otros que dicen que aman la ciudad. Habrá que ver si aprenden que gobernar para la gente es muy sencillo: arregle la acera rota, que el parque esté limpio, que no hayan barreras arquitectónicas, escuche mi opinión antes de planificar mi barrio desde su despacho y envíe usted unos trabajadores sociales a las esquinas de los olvidados de siempre. Así de fácil. Bueno, en realidad es difícil, si llenamos los despachos de maquetas de grandes obras para pasar a la historia, entonces volveremos a lo mismo, a gobernar sin escuchar a los vecinos. Hace un año que llegaron, ya son responsables del futuro a pesar de la herencia del pasado.

Juan García Luján

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