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La coherencia de Montesdeoca

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Les tengo dicho que aunque Soria no lo crea es un político amortizado. Ya llegó al extremo que tantas veces hemos visto del que compra un circo y le crecen los enanos y los leones se le quedan afónicos; que es el mismo extremo en que los cadáveres dejados en el camino resulta que no estaban ni bien muertos ni mejor enterrados. Es el momento en que el político que atraviesa tales trances repite que las cosas mejoran o van mejor que nunca (caso de Fuerteventura) y tratan de pasar por ejemplo de vigorosa vida democrática interna las divergencias radicales.

Y no les digo cómo se le llena la boca de cinismo al afirmar que es estupendo que aspiren a los cargos varias candidaturas como muestra de la salud democrática del partido, el PP en este caso; como si el personal no supiera que se ha ido cargando una a una todas las que no le gustaban y la forma en que organizó el Congreso de su propia reelección "bulgarizada" en la presidencia regional; o lo que acaba de ocurrir con Montesdeoca al que incluso espió para saber de sus pasos y machacarlo mejor a él y a los que con él se dejaron ver. Me pregunto si engañará todavía a alguien que no quiera engañarse.

Yo, pueden creerme, quisiera no tener que ocuparme de semejante personaje pero es él quien no se deja. Me produce tristeza oírle calificar de "coherente" la dimisión de Paulino Montesdeoca cuando su empeño de seguir en política indica lo poco que sabe de coherencia. Ha desprestigiado gravemente la actividad política, ha metido a su propio partido en un callejón y contribuye al descrédito del Gobierno, en el buen entendido de que no necesitaba Paulino Rivero demasiado de su concurso para ponerlo donde está; aunque una ayudita nunca se desprecia. Si es por coherencia y honestidad política debió haberse largado ya.

Encima, al no estar acostumbrado a las explicaciones, no sabe darlas. Así, sólo se le ocurre alegar, como argumento de autoridad y referencia comparativa respecto a la dimisión de Montesdeoca, que Jerónimo Saavedra ya ha tenido en el Ayuntamiento de Las Palmas a tres directores de Urbanismo. No sé si es de aplicación aquello del mal de muchos, pero viene al pelo la segunda parte del dicho, lo del consuelo de tontos.

La alcaldía de Saavedra está decepcionando lo suyo hasta el extremo de que no es ya excusa suficiente que haya tenido que cargar con el mochuelo de los disparates perpetrados por el PP, por Soria y Luzardo. Eso tiene un tratamiento, otro análisis y no vale establecer comparaciones. Soria es un desastre o algo peor al margen de que también lo sea o pueda serlo Saavedra. Esto no es como la mancha de mora que se quita con otra verde. Por esa vía podría contestarle puntualizarse que el alcalde no está imputado en ninguna causa y no tiene tras de sí la larga estela de asuntos poco claros que él arrastra; y hasta que Saavedra acude cada año a Salzburgo desde hace ni se sabe cuántos años en viaje regular pagado siempre de su bolsillo. No vamos a ninguna parte por ese camino. Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con González Arroyo en que ya queda menos para que Soria vuelva a la vida profesional privada a resarcirse del dinero que, dice, lleva perdido en política. Que así sea.

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