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Los conejos contra las escopetas

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Es evidente que, al margen de la opinión que se tenga de su política, Zapatero volvió a ganar la mano al desbordar, con el descaro de un liberalismo de ocasión, los esfuerzos de Rajoy para que el electorado no note antes de tiempo su propio liberalismo económico, no vayan las encuestas a retirarle el favor. De ahí que no se atreva a hacer público su programa de Gobierno. Ya lo mostrará si gana.

Zapatero se ha apuntado a liberal, dice él que por realismo y necesidad, no por razones ideológicas como Rajoy. Están, pues, emparejados por cuanto si, como digo, el primero aparcó sus principios, el segundo trata de ocultarlos; lo que nos coloca en la difícil tesitura de no saber a qué carta quedarnos: si a Zapatero se le considera desde la banda de Rajoy un desastre, no es seguro que Rajoy vaya a serlo menos. Hemos de elegir entre el malo conocido y el bueno por conocer; a apostar por el dado descubierto y el que sigue oculto bajo el cubilete. Confía el PP en la afición española a los juegos de azar. Y si no hay premio, a esperar el próximo sorteo.

La fugaz visita de Angela Merkel ha dado ocasión de constatar lo que digo. La canciller alemana, que pertenece al mismo ámbito ideológico y partidista europeo del PP, bendijo a Zapatero; Rajoy, contrariado, atribuyó el elogio a pura cortesía y aseguró que los tirones de oreja se los dio en privado. El dado visto y el tapado. Lo primero no es creíble para quienes hayan seguido con alguna atención la visita y denota el sistemático aprovechamiento pepero de la desinformación de la gente, que ya tiene demasiado encima para andar con matices; en cuanto a lo segundo, cualquiera sabe, aunque pueda inferirse de lo primero que la suposición de Rajoy es aventurada. Lo que confirma Sarkozy, que comparte con Merkel la idea de mantener el euro por encima de todo y es de la cuerda ideológica de Rajoy, al respaldar también las decisiones de Zapatero.

Ya metido en bola, añadiré que manda huevos trillados la insistencia del PP, con Aznar de primer gurú, en la insoportable intervención de España por la UE. Juega de nuevo la derechona con la desinformación; como si no supieran eso, que España pertenece a la UE y ha aceptado, como los demás países miembros, someterse a sus directrices con renuncia a rasgos de soberanía nacional; entre los que figura la emisión de moneda, el más significado de los atributos soberanos tradicionales del Estado. Cabría preguntarse entonces si está España ahora más intervenida que antes, cuando le llegaba dinero de Europa a espuertas. La misma demagógica inconsecuencia de los que, recuerden, tildaron en su día a Felipe González de "pedigüeno" por reclamar fondos europeos, es decir, los dineros que Aznar aceptaría después de mil amores y sin rechistar y que tanto tuvieron que ver con su "milagro" económico, el que puso a 180 la especulación inmobiliaria e hizo del ladrillo principal factor de agravamiento de la actual crisis internacional.

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