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No es cuestión baladí

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No lo pudo expresar mejor nuestro amigo, eso es lo que ha hecho hasta ahora la lengua con las mujeres, obviarlas, convertirlas en invisible. Como desde el punto de vista gramatical el género extenso por excelencia es el masculino, es un hecho que lo humano se confunde con este género mientras que lo femenino se percibe como parcial, marginal, particular, sin hablar de las acepciones que tienen un marcado acento sexista y peyorativo. Recuérdese, por apuntar algún ejemplo, zorra ? zorro, mujer pública ? hombre público, coñazo ? cojonudo.

La última polémica sobre esta cuestión ha surgido a raíz del extenso artículo del académico de la lengua Ignacio Bosque criticando las guías de lenguaje no sexista que en los últimos años han editado diversas instituciones, opinando que las propuestas conculcan aspectos gramaticales firmemente asentados y que han sido escritas sin la participación de los lingüistas. Laura Freixas, escritora de la obra Literatura y mujeres, ha expresado que le parece excelente que haya debate, porque para solucionar un problema el primer paso es reconocerlo y está en lo cierto. Si se niega el problema ¿cómo se le va a buscar solución?

En la lengua subyace una visión del mundo y las mentalidades de cada civilización. En 1.517 cuando con 17 años Carlos V llega a España desde Flandes le costó tanto trabajo comprender a los españoles, que cuando pudo expresarse en su idioma dejó dicho que "un hombre que habla dos lenguas es dos veces hombre". El idioma es algo vivo y cambiante, tiene que adaptarse a la vida, a los usos y a las costumbres de sus hablantes y evolucionar de abajo hacia arriba, democráticamente. En la RAE las correcciones deberían convertirse en una costumbre, como le leí a Andrés Trapiello, "la lengua está tan llena de aciertos que fueron yerros en origen?" Pero con frecuencia esta institución, ideologizada, de marcado sesgo androcéntrico (de veintiséis componentes sólo tres son mujeres) y alejada de la sociedad, tarda en reaccionar o lo hace para afirmar que los cambios pretendidos van contra aspectos muy asentados en el sistema gramatical. Qué sería de la humanidad si se hubiera defendido como inamovible todo lo que estaba profundamente arraigado.

No es cuestión baladí lo del sexismo en el lenguaje a pesar de los comentarios suscitados, muchas veces jocosos y poco respetuosos, hacia quienes han osado tratar de corregirlo. La estructura de la lengua es el instrumento que tenemos para representar la realidad e influye poderosamente en las percepciones y en el pensamiento. Y claro está, como la sociedad es machista, esa situación la refleja. Por supuesto que tiene que cambiar la sociedad y llegar a la igualdad plena de una vez, pero esto no ocurrirá si no cambia la lengua, pues a los niños y las niñas desde el primer momento de su aprendizaje con el idioma les estamos mostrando la visión de un mundo sexista con un masculino sobredimensionado que incluye dentro de sí a un sector femenino totalmente minimizado y ocultado.

La sociedad evoluciona y con ella la lengua, y la riqueza del castellano ofrece muchas alternativas al masculino genérico. La Real Academia de la Lengua en lugar de obstaculizar debería hacer todo lo posible para lograr una sociedad más igualitaria y por ende más justa, contribuyendo en lograr la visibilidad de las mujeres a través de una herramienta tan eficaz y vigorosa como es la palabra.

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