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Y dale con el curso

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Pero, si los gestores corporativos, los responsables de las administraciones públicas y los periodistas intentáramos averiguar qué principio de curso interesa, inquieta y preocupa de verdad a las gentes del común, a las familias normales del país, si el político o el docente, los resultados nos demostrarían –una vez más- que los analistas y los próceres vamos por un lado y las preocupaciones del personal por otro muy distinto. A los contribuyentes les puede interesar hasta cierto punto, pero muy superficialmente, lo que prometa Zapatero en la línea de salida de campaña (el aumento de las pensiones, un suponer, que ha tenido tres años y pico para aumentarlas) o lo que Rajoy prefiera llevar como número dos de su plancha, despreciando el tirón del alcalde de Madrid. Puede que el cabeza de familia lea apresuradamente y sin profundizar las noticias acerca de los pálpitos de Paulino Rivero sobre lo que pasará -o no pasará- con la reforma del Estatuto o que hojee distraídamente un informe de las nuevas estrategias de López Aguilar que a ver si dejan por fin de ser mera dialéctica. Vale. Todo eso está muy bien. Pero, lo que en realidad tiene de los nervios y haciendo cienes de cuentas a los padres y madres del vecindario es el arranque del otro curso. Del escolar, que supone una pasta y una pasta en la que nunca se piensa antes de emprender la aventura vacacional. Un diario de tirada estatal ofrecía ayer un informe sobre lo que cuesta, por crío o mozalbete, el retorno a las aulas, en libros, uniformes y demás. El Archipiélago resultaba ser el lugar más barato de España a la hora de enfrentarse a esa vaina: 700 euros. Otro detalle de los que me van alejando de la fidelidad a ese rotativo, progresivamente menos fiable, a lo que se ve. Inquietan los gastos, repito, y desde una perspectiva político-cotidiana, el estreno de la polémica asignatura de la ciudadanía, que elementos derechosos han manejado para soliviantar a parte del profesorado y a muchos padres del alumnado. Mi opinión es que estamos ante una materia innecesaria y sospechosa de adoctrinamiento. Hay que esperar. Y, sobre todo, comprobar qué importancia se le concede a tan subjetiva disciplina: si fuese similar a la que se daba a las tres marías de la docencia franquista, ni siquiera merecería la pena discutir, oigan.

José H. Chela

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