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El ‘desinquieto’ sector turístico

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Cuando pintan bastos para el sector, es normal que muchos de los actores involucrados se pongan nerviosos, reivindicativos y desinquietos, así como saltapericos, que decían las abuelas de antes, porque las de ahora más parecen lozanas madres que madres de las madres. Los empresarios están preocupados, con razón, porque ven llegar los números rojos cabalgando como el Séptimo de Caballería, si alguien lo duda que pregunte a los de restauración, ocio y servicios. No en vano, los trabajadores se preocupan porque la inocultable crisis en los servicios erosiona notablemente sus ingresos reales –sueldos más propinas– al tiempo que se ven sustituidos por nueva mano de obra pagada a precio de patera, a pesar de los alegatos a favor de la imperiosa necesidad de que en este destino maduro se mejore la calidad y la profesionalidad de todo el mundo para no ser marginados por el mercado. Y también se inquietan los políticos, pero por razones más variadas, sobre todo ahora que hay elecciones a la vista. Sus preocupaciones, que no siempre sus ocupaciones, incluyen problemas de credibilidad en la supuesta y no probada eficacia de su gestión. También porque son conscientes de que la crisis y la falta de nuevos proyectos pueden afectar a la financiación de todo tipo de servicios en los municipios locomotora del Archipiélago al tiempo que se pudiera deslocalizar nuestra principal industria. Porque no es que el turismo se acabe como suele mal decirse, crece en el mundo más que nunca, lo que puede es cambiar Agadir por Canarias, por poner un ejemplo cercano en el espacio físico y en el futuro temporal. Intuyo que en ese nerviosismo empresarial, a veces un tanto difuso en sus motivaciones pero real a la hora de tomar decisiones, se enmarcan las propuestas de la directiva de la Asociación de Extrahoteleros de la Provincia de Las Palmas de querer dotarse de una mayor autonomía dentro de la FEHT, que hoy en día pretende englobar y representar todo lo que se mueve en turismo. al menos en Gran Canaria. En estas organizaciones resulta muy complicado pretender mantener encendida una vela a Dios y otra al diablo, máxime cuando en su seno se espera que convivan en paz intereses contrapuestos, como pudiera ser el caso de la explotación de apartamentos y el otro negocio, bien distinto y competidor con aquél, que es el hotelero. O la fuerte discrepancia mantenida entre el sector de restauración y el sistema de comercialización en régimen de todo incluido. Tal vez por eso, más que en federaciones, la representación empresarial debiera articularse en torno a una Confederación Turística Empresarial de Canarias, que incluya además a la actual Fecao, de ámbito regional y con representatividad en el sector de ocio y servicios, entre otras de las existentes. Pero si Pilar Parejo apoyada por Adán Martín no pudo conseguir la imagen única de las Islas bajo el logotipo de la sonrisa amable, ¿qué esperanza hay de que caminen a la par los intereses que representa Fernando Fraile y los de Pedro Luis Cobiella bajo el lema unificador de “tanto monta, monta tanto”? Es notorio que los empresarios alojativos encuadrados en el llamado subsector extrahotelero ven cómo el mercado desplaza el alojamiento de turistas en sus complejos de apartamentos hacia estancias en muchos de los nuevos grandes hoteles, gracias a que éstos están vendiendo plazas con precios por debajo del coste y no por la falacia de estar obsoletos. En la prensa de hace unos días podía encontrarse que una cadena hotelera ofertaba por 154 euros viaje, estancia y pensión completa en Maspalomas Costa Canaria. No nos engañemos, eso sólo puede mantenerse con una bajada generalizada de la calidad de los servicios que se ofrecen, entre otros el empleo de una mano de obra poco especializada y por ende más barata. En relación con la tan cacareada y mal definida obsolescencia, palabro que llena la boca y cuesta pronunciar, la verdad es que los complejos de apartamentos, en general, no están mucho más envejecidos y faltos de mantenimiento que los hoteles de su misma época y que aún estarían mucho más modernizados si no fuera por esa competencia suicida que ofrece hoteles con muchas estrellas pero con servicios de pensión. Por las razones económicas traídas antes a colación, creo firmemente como consumidor que también soy y que intento optimizar la relación precio-satisfacción en cuestiones de ocio y turismo, que muchos clientes prefieren un hotel con todos los servicios, mejor en régimen de todo incluido si se viaja con familia, siempre que el precio sea menor o similar al de un apartamento donde sólo se duerme. El problema para el conjunto del sector es llegar a saber cuánto tiempo será posible mantener esta senda que conduce a la bancarrota, con RIC y sin RIC, hasta que cuelguen el cartel de RIP.

José Fco. Fernández Belda

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