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La doble r y el muyayismo

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Y este lunes cada español tuvo la ocasión de elegir su opción gracias al debate entre los candidatos Rubalcaba y Rajoy o Rajoy y Rubalcaba. Tanto monta, monta tanto?

La lucha programática entre ambos mereció el mismo trato mediático que la final del pasado Mundial de fútbol entre Holanda y España, o que un combate pugilístico entre Myke Tyson y Evander Holyfield (aunque aquí nadie le arrancó una oreja a nadie) o, mejor aún, que la final de Gran Hermano.

Campaña promocional intensa, cronómetros de cuenta atrás sobreimpresionados en la pantalla durante las horas previas, presentación de las dos partes debatientes con Manuel Campo Vidal en el centro a modo de juez árbitro y un plató descomunal. Solo tengo un pero: la iluminación le jugó una mala pasada a uno de los candidatos, pues la luz de uno de los focos caía justamente sobre la parte superior de su cabeza, lo que provocaba un molesto resplandor. O quizás alguien quiso dar a entender que el haz de luz le daba cierto carácter divino a la escena, pues a decir verdad me recordaba al pasaje bíblico en el que se narraba cómo Yahvé abría el Mar Rojo con la inestimable ayuda de Moisés.

Pero me hago un lío, porque los dos contrincantes tienen cierto parecido con Moisés y ambos corren el riesgo de querer convertirse en Yahvé, aunque a ninguno de ellos le gusta zambullirse en un mar que sea excesivamente rojo.

Objetivo cumplido, ya que 12 millones de telespectadores vieron el debate, lo que significó el 54,2% de cuota de pantalla, resultante de la suma total de todas las televisiones que lo emitieron.

El minuto de oro se tradujo en un 58,5% de cuota, porque casi 14 millones de personas estuvieron atentos en el momento en que se trató el asunto del subsidio de desempleo. Se me ocurre que aquí coincidieron todos aquellos que desgraciadamente están en paro con los que tienen claro aquello de "cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar".

Les confieso que yo también tuve un debate, pero interno. La lucha entre la "doble r" coincidía con la emisión semanal de la terrorífica serie "The Walking Dead" en la Fox. En realidad las dos opciones me generaban miedo, así que decidí ver en primer lugar la menos sangrienta. La otra la vi posteriormente gracias a los avances técnicos.

De cualquier manera habrá que dejar que cada español juegue su papel de seleccionador, pues en definitiva lo importante es que todo el mundo seleccione alguna opción.

La semana pasada calificaba al Gran Wyoming de "comunicador mordaz y brillante". Siete días después me siento decepcionado,aunque cuento con que a él le importara un pimiento lo que yo sienta.

Relacionar a Canarias con las siglas de una banda terrorista que ha sembrado el terror y teñido de sangre nuestro país durante décadas, hablar del terror generado por las comparsas carnavaleras ?en un claro intento de desvirtuarlas-calificar de comando a los Sabandeños, interpretar esas letras malditas como "Etamos Tan Atrasados" ?no necesitamos que nos recuerden que nuestro huso horario es diferente- y solicitar ayuda para traducir las palabras del niño canario en el anuncio del Cola Cao, me parece un episodio cuando menos muy poco acertado.

Sin pretender ser demagogo, sí les diré que se puede hacer televisión divertida, sin ser hiriente. El friki hace el tonto porque le falta inteligencia y no se le puede reprochar nada; sin embargo, si es el inteligente el que hace el tonto se le puede reclamar todo.

Por cierto, jamás he escuchado a un canario decir "muyayo", sino muchacho. Quizás el problema se encuentre en el sistema auditivo de algunos, al menos de aquellos que se burlan malintencionadamente del acento de otras regiones.

Y ya lo saben, tengan cuidado: la televisión crea adicción.

Francisco Ramírez

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