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El ejército y los inmigrantes

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Castaño (20 años) y Posada (20 años) salieron de la zona cafetalera centro oeste de Colombia, de donde más de 100.000 personas emigraron legal o ilegalmente durante los últimos diez años, especialmente hacia España. Vargas (21 años) vivía en el departamento de Huila, también agrícola. Decidió salir del país tras quedarse huérfano y a cargo de su familia. “Fue a España después de que murió su papá. Allí trabajó en la construcción y en la recolección de frutas hasta que ingresó en el ejército”, declaró su madre Sofía Moya. El dinero que enviaba mensualmente servía para sostener a su madre y a su hermana, quienes quedaron viviendo en Colombia. Estos tres jóvenes, y probablemente muchos inmigrantes más, valoraron que su incorporación al ejército profesional español mejoraría sus recursos para ayudar a las familias y, quizás, llegarían a obtener la nacionalidad española tras tres años de servicio. Con méritos similares, pero en Irak, consiguen la nacionalidad estadounidense algunos latinoamericanos, siempre en primera línea de combate. Supongo que nadie creerá a estas alturas que los inmigrantes estaban animados por sentimientos patrióticos o una vocación particular por aventuras militares llamadas humanitarias en lugares como Líbano, Afganistán, Bosnia o Kosovo. Sólo pretendían mejorar sus condiciones de existencia, tal y como proclama la publicidad oficial. ¿Peligros? Casi ninguno. Las autoridades sólo enuncian ventajas, exageradas hasta el engaño, porque encuentran insuficiente interés en los jóvenes españoles por acogerse al uniforme militar como profesión. Vamos a verlo. La propaganda del ejército promete grandes progresos personales a los inmigrantes. “Si eres hispanoamericano o ecuatoguineano y quieres aprender una profesión mientras trabajas, tu futuro está en las Fuerzas Armadas Españolas. Aquí puedes encontrar un empleo estable y mejorar tu grado de integración en la sociedad española”. Y propuestas concretas: “Los extranjeros pueden optar a 363 plazas de las 3.369 disponibles en el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire.” Primero nos asustaron con las oleadas terribles de inmigrantes. Después dijeron que gracias a ellos la economía española ha mejorado durante los últimos años en todos los índices importantes. Pero el reconocimiento de sus derechos va a otro ritmo. Mucho más lento, porque así se mantienen bajos los salarios de los trabajadores españoles y más escasos todavía los ingresos de los inmigrantes, muchos de ellos asediados en el trabajo por su situación legal. Sin embargo, como al ejército le hace falta personal, seducen a los inmigrantes con buenos sueldos, otras ventajas y escasos peligros. Aunque de ninguna manera reconocen sus derechos políticos. Si viven aquí, trabajan aquí y hasta los incorporamos al ejército para aventuras militares en el exterior, ¿por qué no pueden, por ejemplo, votar aquí? Por otro lado, si tuvieran ingresos decentes, imagino que no pensarían enrolarse en una legión extranjera postmoderna. Vinieron para ganarse la vida, no para perderla en Líbano. Creo.

Rafael Morales

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