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Irreflexión

Asisto al cierre de campaña de Podemos en la Alameda de Colón y, de nuevo, entre todos los presentes me transportan a mi juventud

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Asisto como está mandado (y que conste que no soy militante de ningún círculo, ni siquiera de un cuadrado) al cierre de campaña de Podemos en la Alameda de Colón y, de nuevo, entre todos los presentes me transportan a mi juventud, claro que ahora no hay “grises” que nos den un porrazo, ni tengo que correr con Emilio Díaz Miranda o Alexis García Bravo de Laguna tras hacer una buzonada con propaganda del partido, ni escoltar a Tony Gallardo en el Cine “Avenida” cuando se subió al escenario en el descanso de una película para hablar de la necesidad de la libertad política, de la amnistía para los presos para acabar con la dictadura, y un espectador de extrema derecha franquista fue a agredirle, y como era joven me interpuse  entre el energúmeno y Tony, alcanzando un tortazo, pero la sangre no llegó al Guiniguada. No sé por qué diantres he empezado con estas imágenes evocadoras de otros tiempos, ¡ah sí!, les decía que Meri Pita, secretaria general de Podemos, Noemi Santana Perera, candidata a la presidencia de Canarias, Juan Manuel Brito, candidato a la presidencia del Cabildo Insular de Gran Canaria, y Javier Doreste, candidato a la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria, y la multitud de asistentes al acto, me trasportaron a mi etapa juvenil, y doscientas canas que ahora tengo, y además que no pienso respetar la ridícula jornada de reflexión que existe en España, y que no la hay en Inglaterra, Francia, Italia, Suecia, la víspera de las votaciones es aprovechada por los candidatos y todos los militantes de partidos para tratar de convencer y hacer reflexionar a los ciudadanos que les voten a ellos, y no a los rivales políticos.

Me ha costado renunciar a votarle a Izquierda Unida, y sin entrar en más detalles porque no quiero hacer sangre de una coalición que ha luchado mucho en España, les diré que esta vez votaré a Podemos, y ya veremos si me decepcionan en el transcurso de los próximos cuatro años, como me decepcionó José Carlos Mauricio. Vuelvo a las andadas de los recovecos del pasado, y de pronto me veo en la Alameda de Colón en una conversación con Quino Sagaseta, José Miguel Fraguela y Sergio Millares, de altos quilates de contenido intelectual, lógicamente por lo que mis tres interlocutores aportan a las expresiones dialécticas, y con Quino de nuevo me transporto al pasado, y cuando le digo que Noemi va subiendo en intención de votos como la espuma me dice jocosamente: “¡coño, ya estás como Fernando (Sagaseta, off course), que era la mayor expresión de optimismo. Ojalá tengas razón”. Le digo en un momento dado a José Miguel Fraguela que no voy a respetar la jornada de reflexión, y que estoy pensado en un título para mi artículo previo a la jornada de votaciones, y me lo da en el acto: “Irreflexión”. Perfecto. A estas alturas de la charla historicista y también de plena actualidad, Juan Manuel Brito enardece al público asistente, como antes lo hizo Javier Doreste, la gente entregada, ¡a desalambrar! y con ánimos de ir corriendo a su colegio electoral y depositar ya la papeleta y hacer el recuento, la expectación por los resultados del domingo es enorme, y todos se dan ánimos recíprocos. Quino Sagaseta, con su sapiencia ilustrada y emotiva, me dice que “esto está empezando a cambiar de verdad”, y Sergio Millares cuando le digo que se puede llegar a siete u ocho concejales en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria me pregunta: “¿estás hablando en serio?”, y le digo que al menos es una irreflexión. Le toca el turno a Noemi Santana Perera, flamante candidata a la presidencia de Canarias, y cada vez tiene más tablas. “Un tablón, un tablón, es lo que tiene”, dice alguien cercano a nosotros entusiasmado. Noemi apura su intervención pidiendo el voto para Podemos “porque somos los únicos que representamos el auténtico cambio”. Termina el acto con unas sobrias y exactas palabras en el sextante de la reflexión de Meri Pita, que agradece emocionada la presencia de todos, incondicionales podemistas o indecisos que han venido a escuchar y ver. Cogemos la guagua de la Línea 2, llena de gente asistente a los espiches, y un viajero con camiseta de Podemos me pregunta y afirma: “¡Morera, esta vez vamos a ganar!”. Le digo a modo de irreflexión: “Por lo menos seguro que vamos a empezar a ganar”. El trayecto para el Puerto era una fiesta dialéctica, parlamentaria.

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