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El esguince

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Aquello tenía pinta de esguince de tobillo, con lo que duele eso, y se impuso llamar al 012 que señaló hora con el médico de cabecera para la semana siguiente. No sé, por cierto, la razón de que sigan llamándolos "de cabecera", que no es lugar que frecuenten precisamente, si bien tampoco es justo cargar la mano en los médicos que han de ganarse la vida por fuera porque no les alcanzan los contratos basura que les impone Zapatero, ya saben.

Había que ir a Urgencias y el 012 informó de que correspondía al accidentado/a el centro de Carvajal. Como no era para tirar de ambulancia, se hizo el traslado en coche particular que, tras las correspondientes vueltas por los alrededores, fue estacionado por lo militar.

El centro estaba medio vacío. Ni uno de los dichos inmigrantes que tanto inquietan al Gobierno paulinés. Hubiera podido decirse que, en realidad, estaba cerrado de no ser alguien que por allí andaba como de guardia con la cachaza del habituado a timonear cabreos de usuarios. Aquí no hay médico alguno, dijo, es que en el 012 nos dijeron que viniéramos aquí, los del 012 no se enteran, adónde vamos entonces, prueben a ver si tienen mejor suerte en San José o en el Puerto.

Vuelta al coche. Una multa indicaba que, al menos, funciona el aparato sancionador. Pero ni tiempo de considerar lo positivo de tamaña eficiencia municipal. Ante la posibilidad de que ocurriera lo mismo en los centros indicados, que Zapatero no descansa, se decidió que lo más práctico y seguro era recurrir a la sanidad privada salvadora. Sabia decisión, oye, porque en la Clínica de San Roque prestaron atención, alivio y recomendaciones medicamentosas; por la módica cantidad de 100 euros con cargo a la cuesta de enero que este año llegará a agosto.

Dos horas cincuenta y cinco minutos duró la aventura que comenzó al montar el árbol de Navidad; en lugar del Nacimiento, vulgo Belén que está más a ras del suelo y son menos improbables los talegazos. Sin contar el tiempo de llegarse al cajero; a por el dinero sin el que te puedes morir.

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