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Qué extraño

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Hay gente muy rara. Todavía hay quien se sorprende por que el personal llene las salas de cine cuando bajan a la mitad el precio de la entrada. Debe ser la misma gente que se sorprende con las multitudes que acuden a las tiendas cuando hay rebajas.

Hubo incluso algún sesudo analista que coligió que no había crisis en el cine ya que la gente acudía solícita a las salas cuando los empresarios de la cosa rebajaban sensiblemente la entrada.

Se podría probar también con la comida. Pongan el caviar por los suelos (no me refiero al anaquel más bajo de las estanterías) y ya verán la sorpresa que se llevan: incluso a los pobres les puede gustar. Ojo, que también hay ricos a los que no les hace gracia.

Los pobres son pobres pero no necesariamente tontos. No se chupan el dedo. La mayoría no accede a muchos productos de consumo por sus precios prohibitivos. Si el jamón pata negra costara lo mismo que el picadillo seguro que muchos se pasarían al ibérico de bellota.

Siempre hay algún enteradillo que cree que ha descubierto el Mediterráneo, pero el mar ya estaba ahí cuando llegamos.

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