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Me faltan otros diez años

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Tampoco me puedo olvidar de Lilian Imatikwa. El 15 de abril del año 2000 esta joven nigeriana fue obligada a saltar de una barquilla cuando estaba llegando a Lanzarote. Estaba embarazada de tres meses. Murió junto a otras dos chicas. Un año después, el 30 de mayo de 2001, 22 inmigrantes que ya estaban llegando a Fuerteventura se pusieron de pie cuando estaban a punto de rescatarlos, la barca se dio la vuelta y 15 de ellos no volvieron a salir del agua. A estos ni los vimos, todo lo contrario que los 9 cuerpos que acabaron, desmadejados, en la pequeña isla de Lobos el 23 de agosto del mismo año. A ellos también los obligaron a saltar el agua y se ahogaron prácticamente en los charcos.

En junio de 2003 salimos a naufragio por semana; en total, 95 muertos. En 2004, las pateras se estrellaban, literalmente, contra las rocas. Hubo cientos de muertos, incluidos 13 que aparecieron en una barquilla a la deriva tras morir de hambre y sed. Y en 2005 los primeros cayucos, los viajes más largos y más peligrosos. Las desapariciones en el mar se convirtieron en algo cotidiano. Treinta personas primero, luego noventa. En todo 2006 murieron casi 1.000 personas que se tenga constancia, pero pudieron ser muchas más. Y el año 2007 y el año 2008, con cayucos que salían todavía de más lejos se llenaron también de muertos, de huérfanos, de viudas, de madres desconsoladas.

Y llegamos hasta aquí. Hasta aquí y hasta ahora. Y podría decirles que la pérdida de 25 vidas, 18 de ellos apenas unos niños, en Lanzarote el pasado domingo es la historia de una muerte anunciada. Que se veía venir. Que estaban llegando muchos menores, que bueno, que ya tengo callo. Que estoy cansado de contar fallecidos. Que la muerte no me va a coger desprevenido porque ya la había visto antes. Igual que el dolor que deja tras de sí. Un dolor espeso, un vacío, una auténtica mierda jodida de tragarse.

Podría decir todo eso. Pero no lo hago porque no es cierto. Lo siento. No me puedo acostumbrar a ver morir a tanta gente. A lo mejor me faltan otros diez años escribiendo de inmigración. Dentro de ese tiempo, cuando esto vuelva a ocurrir (porque seguirá ocurriendo) ya les contaré. De momento, al igual que a muchos de ustedes, me sigue sobrecogiendo tanta muerte inútil en un mundo tan injusto que mañana o pasado mañana ya estará mirando hacia otro lado.

http://pepenaranjo.blogspot.com

José Naranjo

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