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27 de febrero saharaui

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Bajo el argumento vacío según el cual el Sáhara Occidental pertenece a la responsabilidad del ministro Moratinos, el Gobierno canario se lava las manos mientras algunos de sus personajes impulsan negocios con el régimen totalitario de Mohamed VI. Aunque también así ofrezcan la espalda al sentimiento de solidaridad que los canarios guardan para el pueblo saharaui. Y para millones de marroquíes explotados por los mandamases del Majzen. Porque los dirigentes de la política canaria y española enfeudados a Rabat suelen olvidar de forma interesada lo más evidente: la democracia no puede abrirse paso en Marruecos mientras combine las ventajas para una minoría que aporta la globalización con un sistema político feudal maquillado y de privilegios feudales. Los marroquíes no alcanzarán la libertad mientras su régimen siga intentando aplastar a los saharauis. Y al revés, cualquier avance democrático hacia la autodeterminación saharaui representa una aportación invalorable a la libertad de sus propios vecinos del norte. El Gobierno canario carece de problema alguno para pronunciarse sobre la inmigración, en general de forma demagógica a pesar de las ventajas que ahora empieza a descubrir en este fenómeno imparable. Las exigencias dirigidas a Madrid forman parte del bagaje político aireado por los atribulados nacionalistas. La inmigración no sólo corresponde a la política interior sino también a la orientación exterior. Como el drama del Sáhara Occidental. ¿Por qué la situación del pueblo saharaui recibe un tratamiento distinto? ¿Por qué en un caso ponen el grito en el cielo, lanzan sus reivindicaciones al Gobierno español, explotando a veces sentimientos xenófobos cada vez más diluidos (afortunadamente) y guardan un silencio perturbador con respecto a nuestros vecinos más cercanos? Pura hipocresía. Vale. Pero también representa una colaboración política descarada con los desmanes de Mohamed VI. Y escasa visión de futuro. Porque hasta estos tenderos deberían notar que 32 años de sufrimientos, represión e intentos de aislamiento no han liquidado la resistencia del pueblo saharaui. Ni sus derechos han perdido el carácter de inalienables. Vienen las elecciones. Debo suponer y supongo que los partidos presentarán programas además de candidaturas. Espero encontrar en esos programas pronunciamientos sobre el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, un elemento para la estabilidad de nuestro entorno; exigencias dirigidas a Madrid para mantener esa misma posición en todos los organismos internacionales; suspensión de la venta de armamento al ejército de Mohamed VI; solidaridad con los represaliados, presos y torturados en los territorios ocupados; aumento sustancial de la ayuda humanitaria a los refugiados en los campamentos de Tinduf; y, por qué no, apoyo a Aminetu Haidar para el Premio Canarias 2007 en su modalidad Internacional, la candidatura propuesta por CEAR. Lo merece por su lucha y por lo que representa.

Rafael Morales

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