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El fin de la historia

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Han pasado trece años desde la publicación de este acertado ensayo del economista Martín Seco. En él, sin declararse marxista pero desde un análisis marxiano de la realidad económica y social del mundo, venía a decir que en aquel momento los neoliberales tipo Milton Friedman, Margareth Thatcher o Francis Fukuyama se creían los vencedores después de la caída del Muro de Berlín. Hoy, en 2009, en plena crisis brutal del sistema neoliberal capitalista, resulta de máxima actualidad esta obra, en donde sintéticamente establece que el dios mercado es un dios con pies de barro, que no asigna eficientemente los recursos y que llama a la intervención del Estado cuando sus intereses se ven capitidisminuidos.

Decía este pasado fin de semana el presidente ecuatoriano Rafael Correa en las sesiones del IX Foro Social Mundial celebrado en Belem (Brasil) que el error del socialismo real fue no cuestionar el modelo de desarrollo del capitalismo. El presidente socialista de Ecuador reivindicó la necesidad de rescatar el Estado para atender los problemas colectivos y la necesidad de planificar. Marcó sus distancias con lo que denominó el socialismo tradicional porque su forma de competir era precarizando condiciones laborales y sociales. Sin embargo, según Correa, hay elementos del socialismo del siglo XXI que coinciden con ese socialismo tradicional, como "el énfasis en los valores de uso en lugar de los valores de cambio".

En Canarias, a 31 de enero de 2009, 244.690 trabajadores y trabajadoras se encuentran en situación de desempleo. La banca restringe el crédito a las pymes por no fiarse de su solvencia. La agricultura, la ganadería y la pesca están casi desaparecidas. Los grandes empresarios, que hasta la fecha se han ahorrado más de 20.000 millones de euros vía RIC (Reserva para Inversiones en Canarias), dicen que no pueden subir los salarios más allá del ridículo 1,4% del IPC estatal del año pasado cuando la cesta de la compra en Canarias es de las más altas de todo el Estado español porque "estamos en crisis". Pretenden que seamos los trabajadores y trabajadoras los que paguemos el pantagruélico banquete que se han dado en los últimos quince años con la cooperación necesaria de sus intermediarios de la derecha canaria y española y de la socialdemocracia isleña. Una Canarias desvertebrada con los salarios de los más bajos del Estado y con jornadas maratonianas que rompe familias y niega la posibilidad de conciliar la vida laboral con la personal y familiar.

El fin de la historia no llegó en 1.989, cuando cayó el Muro de Berlín. El fin de la historia de cada ser humano acontece día a día en las favelas brasileñas, en los ranchitos mejicanos, en los barrios miseria nigerianos, en las cloacas de la droga de Londres, París o Madrid y en los deteriorados barrios canarios de Ofra, Titerroy o Risco de San Juan. Ese es el verdadero fin de la historia: de la de más de 800 millones de seres humanos que malviven en la miseria. Es el inevitable fin de un sistema guerrerista, que, sin irnos más lejos, hace apenas un mes asesinaba en Gaza a más de 1.400 hombres y mujeres.

Rubén Alemán

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