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Aquellos galgos tontos del Canódromo

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Nunca entendí que unos animales que parecían inteligentes, como los perros, confundieran una máquina con una liebre. Con el paso de los años me di cuenta de que los galgos lo tenían bastante claro, sabían que no corrían detrás de una liebre de verdad. Pero los obligaban a hacerlo, para comer tenían que correr. Han pasado unos cuantos años de aquello y ya no están los galgos, ni la falsa liebre. Ahora hay un parque y se levanta una torre de viviendas y se proyecta otra torre a su lado. Los vecinos del viejo Canódromo querían que sus chiquillos corrieran por donde antes iban los galgos. Tenían la esperanza de disfrutar de un amplio espacio en la zona más saturada de edificaciones de la ciudad.

Pero en esto llegó PP Manolo a la alcaldía capitalina y mandó a parar. Un momentito, aquí no se puede desaprovechar este espacio. Si quieren una zona verde y libre que se muden a Tafira, como yo. Y el gobierno de PP Manolo hizo un Plan Especial para el Canódromo. Recalificaron el suelo del espacio libre y lo convirtieron en suelo urbanizable. Así, por la cara. Así de ilegal según la nueva sentencia firme del Tribunal Superior de Justicia de Canarias. Para intentar tapar la boca a los vecinos el ayuntamiento le pidió a la empresa "déjenme 20.000 metros cuadrados para un parquito" y yo les compenso.

Vaya que si les compensó. A cambio del terreno para el parque el ayuntamiento cedió a la empresa Urbacan dos parcelas valoradas en 5,5 millones de euros. Esta empresa, en un par de semanas, vendió esas dos parcelas a Realia Bussines en 14,5 millones. Una de esas parcelas fue la utilizada por Realia para proyectar las dos torres de viviendas de lujo en el antiguo Canódromo.

Después de ocho años de caudillismo municipal, PP Manolo se mudó al cabildo tras fracasar su candidatura a la presidencia del gobierno. La nueva alcaldesa, Pepa Luzardo, se propuso cumplir las tareas pendientes del jefe. Así pasó lo que pasó con Isolux y siguió adelante con el Plan Especial del Canódromo. En su tercer pleno municipal como alcaldesa, en octubre de 2003, Pepa presentó el Plan Especial del Canódromo."¡ Un momento, un momento - dijo la concejala en la oposición Nardy Barrios- ese plan es totalmente ilegal!" Se paró el pleno. Pero nada, como cuando se trababa la falsa liebre, se volvió a encender el motor y los galgos a correr y correr mientras el público hacía sus apuestas.

Llegó Jerónimo Saavedra al ayuntamiento por su Amor a la ciudad. Los vecinos de Schamann vieron que los tribunales le daban la razón y anulaban la licencia de las torres del Canódromo. ¿Qué hará ahora el PSOE? Saavedra recurrió la sentencia porque, según dijo a los vecinos, la ley lo obligaba. Sin embargo, luego vimos otros casos donde el mismo gobierno no recurría (ejemplo Emalsa). Pero el ayuntamiento no sólo acudía a los tribunales de manitas con Realia Bussines, sino que también renovaba su licencia de construcción de las torres. La empresa seguía adelante con la obra. Total, si al final ganaban los vecinos el ayuntamiento les pagaría una indemnización.

Y así llegamos a la sentencia que conocimos ayer. La Justicia le vuelve a dar la razón a los vecinos de Schamann. Hay que demoler las torres e indemnizar a la empresa. Negocio redondo para Realia Bussines que estaba levantando las torres a prisa y corriendo en busca de una indemnización. Para ahorrar gastos cerró la oficina de ventas de pisos, ni siquiera disimula ofertando las viviendas de Schamann en su web. No. Le ocurre a Realia lo mismo que a aquellos galgos del canódromo que visitaba con mi padre: ellos corren detrás de la liebre (construyen las torres), saben que la liebre no es una liebre (no venderán pisos de lujo en tiempos de crisis), pero al final ganarán su recompensa sin vender las casas como los galgos podían comer sin cazar ninguna liebre.

Y ¿ahora qué? Lean los comentarios de los lectores en los diarios digitales. Los ciudadanos están hartos. Dicen que paguen los responsables políticos. PP Manolo Soria por promover un Plan Especial ilegal desoyendo a los vecinos, Pepa Luzardo por ejecutarlo desoyendo a los vecinos, y Jerónimo Saavedra por aceptar la herencia del PP con resignación y no oír a los vecinos cuando le pedían que ejecutara desde el primer minuto la primera sentencia que declaraba ilegal las Torres del Canódromo. Ayer decía Saavedra: "la tierra se mueve" y anunciaba que con ese movimiento se iba a hundir López Aguilar. Pero resulta que López Aguilar sigue de pie y se caen las Torres del Canódromo encima de todos nosotros, que tendremos que pagar la indemnización. Yo coincido con el grito ciudadano: Que paguen los políticos de su bolsillo, y algún funcionario añado yo. Que nos dejen tranquilos. Que no somos galgos tontos detrás de una maquinita, que estamos hartos de que nos den especulación urbanística por liebre.

Juan García Luján

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