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El golpismo de los patriotas

Cristóbal D. Peñate

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Si yo fuera catalán no independentista, me habría pasado hace tiempo al soberanismo porque prefiero una sardana mal bailada que el viva España de Manolo Escobar convertido en himno nacional de los patriotas de hojalata. Quizá porque el himno español no tiene letra y nuestros deportistas hacen el ridículo por el mundo con la boca cerrada mientras sus rivales cantan con orgullo a su lado.

Algunos baturros han logrado que la canción hortera y casposa de Escobar se haga pasar por himno oficioso de España, igual que los asturianos cantan (esta sí tiene letra) el Asturias, patria querida cuando van por la quinta botella de sidra. Convertimos los himnos en folclore barato y así nos va.

Después de tener a un presidente del Gobierno que hablaba catalán en la intimidad mientras necesitó los votos de Pujol para mantenerse en el machito, ahora circula por internet un vídeo en el que un supuesto Puigdemont (la verdad es que no se aprecia bien si es él) canta canciones españolas mientras toca la guitarra.

Algunos de sus enemigos políticos quieren desacreditarlo por eso, como si un catalán no pudiera cantar canciones típicamente españolas. Puigdemont puede cantar canciones españolas igual que puede cantar tangos argentinos o piezas de la nueva trova cubana. O de los Beatles si le place, que para eso es políglota. Cuando un español canta una canción sudamericana no se convierte por ello en sudamericano. Como Aznar no se convierte en catalán porque hable su lengua en la intimidad (debe ser que fuera de la intimidad le da vergüenza o que la habla tan mal como el inglés: “Estamos trabajando en ello”, dijo con acento tejano cuando visitó Tejas).

Además, por ahora los independentistas catalanes solo han dicho que quieren la soberanía de su país, no que quieran enfrentarse por ello a otras naciones. Es tan elemental que da un poco de rubor tener que explicarlo. Pero todos sabemos las cabras que guardamos.

Vergonzoso aún es escuchar a insignes representantes patrios hablar de golpismo en Cataluña. Presumen de españoles muy españoles y mucho españoles pero no se conocen la lengua española ni han consultado el diccionario de la Real Academia para cerciorarse de lo que significa un golpe de Estado. Como bien dijo Lorenzo Olarte en otro sonado enfrentamiento con el Gobierno central por el descreste arancelario, no saben lo que vale un peine.

Muchos de estos veteranos políticos que vivieron la transición, y que incluso estaban metidos hasta el tuétano en política del franquismo, han tenido la jeta de decir estos días que España vive la mayor crisis política de estos últimos cuarenta años de democracia. Comparar el golpe de Estado de Tejero, del que parece que no se acuerdan, con el amplio movimiento independentista de Cataluña, es como comparar un huevo con una castaña. Los que así se han manifestado tenían que haber buscado otro símil. Como, por ejemplo, cómo se parecen ellos a sus propias caricaturas. Lo que fueron y lo que son.

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