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Una guerra mediática desigual

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Lo malo de estos tiempos en los que prima la forma, la venta y el marketing sobre la sustancia es que sigue siendo válida la máxima de que una mentira repetida muchas veces se convierte en una gran verdad. "La apuesta del lehendakari es una aventura, la propuesta de López es una apuesta por la convivencia". Y se quedan tan anchos. Parece ese anuncio que acaba de emitirse en donde se ve a la artista Ana Belén diciendo desde su progresía que la crema que presenta elimina las arrugas. El anuncio es bueno, pero el mensaje falso.

Previamente se le quita a la iniciativa del lehendakari todos sus antecedentes: un estatuto bloqueado que siendo ley orgánica refrendada por el pueblo vasco, 28 años después de ser aprobada, sigue sin cumplirse. Un presidente Zapatero que llegó a la Moncloa con el desarrollo del Estatuto de Gernika en los labios y cuatro años después no ha transferido una sola competencia de las 37 pendientes. Una iniciativa del lehendakari llamada 'Plan Ibarretxe' de reforma del Estatuto que ni siquiera fue admitida a trámite en el Congreso de los Diputados siendo la única vez en la que el PP y el PSOE votaron juntos en aquel hemiciclo en la VIII Legislatura y siendo la única reforma rechazada porque todas las demás, la catalana, la andaluza, la valenciana, la aragonesa y dentro de poco la madrileña, fueron discutidas, enmendadas y aprobadas con fuegos artificiales. Y finalmente, un presidente de la Comisión Constitucional llamado Alfonso Guerra, que en Sestao se jactó de haber cepillado el estatuto catalán y de esperar hacer lo mismo con el vasco. Y todo esto con un Estatuto que es singular y cuya originalidad ampara y respeta la propia Constitución Española.

Pero ya se sabe. Es mucho más fácil descalificar una propuesta que ponerse a discutirla. Frente al "talante" del Zapatero que metió la pata hasta el zancarrón en su negociación con ETA en la legislatura pasada, el Zapatero de la presente, en clave patriótica constitucional y viendo como el PP se cuece en su propia salsa, y que María San Gil dimite y limpia un posible acuerdo PP-PSE, niega ahora al lehendakari el pan y la sal en una guerra mediática donde no faltan las buenas maneras y el sacar la ikurriña a pasear a todas horas. Buenísimo sin sustancia. Palabras sin contenido.

Lo vimos el martes pasado en Moncloa. No fue la vicepresidenta Fernández de la Vega quien descalificó al lehendakari, sino fue el propio Zapatero quien salió a la palestra para de forma paternalista y condescendiente al negarse a negociar con Ibarretxe mientras la palabra diálogo no se le cayó de la boca evitando herir con otras expresiones la rudeza de su gesto político: el tercer portazo.

Y esa guerra mediática, cala. A esa misma hora, mi compañero Zubia tomaba una cerveza en un bar de Madrid. La televisión emitía las declaraciones de Zapatero. Un parroquiano gritó: "¡Qué se joda el vasco!". Y los presentes aplaudieron. Es el ambiente generalizando del Madrid feliz y confiado que es alimentado por comentarios basura como los del cronista político de La Vanguardia, José María Brunet, que se permitió la vileza de decir en su tertulia de la cadena Cuatro que el lehendakari era como el cobrador del frac, ya que unos ponían las bombas y el lehendakari iba a recoger los frutos. Este tertuliano, digno de una merecida querella, verbalizaba lo que muchos sienten en la Villa y Corte sin importarles una higa rascar medio centímetro por ver si el lehendakari tiene algo de razón ni que tras él hay una representación institucional a la que por lo menos hay que respetar.

Bien es verdad que para el PSE la campaña electoral ha empezado. Y por partida doble. En Madrid y en Euzkadi. Juegan con dos barajas, muchas encuestas, medias verdades y toneladas de marketing, abrazos, sonrisas y pompas de jabón.

El jueves, con el fondo de un Guggenheim que no apoyaron en su construcción y que ahora califican de apuesta propia por la modernidad, con la ikurriña como único referente, Patxi López recordaba a un Ramón Jáuregui, que jamás en estos años ha hecho público reconocimiento de su trabajo con el lehendakari Ardanza mientras se remontan hasta al lehendakari Agirre y a Indalecio Prieto, de lo que por cierto me felicito. Ya era hora. Pero mienten en su argumentación sobre las relaciones mantenidas en estos últimos cuatro años de parálisis estatutaria porque todo lo hecho en relación con la Y y el Concierto Económico ha sido a cambio de apoyar nuestros Grupos Parlamentarios en el Congreso y en el Senado la política y los presupuestos de Zapatero, sin que hayamos podido mover una coma de un estatuto clavado como el Cristo de Medinaceli.

Y no me quejo de ello, porque creo que hemos hecho lo mejor para Euzkadi, pero sí me gustaría, a la hora de contarse esta historia, que se cuente completa. Como por ejemplo el que pida Zapatero a Ibarretxe un acuerdo entre vascos y cuando el grupo vasco lleva al Congreso una iniciaiva, que pretendía acelerar la tramitación del blindaje del Concierto Económico, el PSOE y el PP la mandan al cesto de los papeles con la gravedad añadida que el PSE había aprobado en las Juntas Generales de los tres Territorios y en el Parlamento Vasco la misma iniciativa que en Madrid desechaban. ¿En dónde queda la credibilidad de un PSE que dice una cosa en Euzkadi pero hace la contraria en Madrid? Pues sencillamente en una guerra de medios. Saben que tienen a su servicio toda la Brunete Mediática mientras el lehendakari tan solo un tiragomas, por lo que no les hace falta dar muchas explicaciones ante la destrucción por los hechos de sus argumentos mentirosos. Lo hemos visto esta misma semana. Y lo seguiremos viendo. Y sin embargo esta situación no les crea el menor trauma ni les supone la menor sorpresa. El mismo al poder.

Lo vimos el domingo pasado. En el Kursaal por iniciativa del gobierno vasco se les tributó a las víctimas de ETA un merecido homenaje de reconocimiento. El acto fue minimizado. No interesó destacarlo. Pone en evidencia que las Cortes Generales españolas no han hecho algo semejante en Madrid ni con las víctimas de ETA, ni con las del Gal, ni con las de la Guerra Civil.

Como también ha convenido poner un potente silenciador a las declaraciones esta semana del muy poco revolucionario presidente del gobierno escocés Alex Salmond quien acaba de decir: "Habrá referéndum en 2010 y no preveo perderlo". Salmond solicitará el apoyo del electorado para negociar con el Gobierno británico la creación del estado independiente de Escocia. Pero a diferencia de lo que ocurre por estos lares, no ha provocado el menor desmayo en ningún palacio, ni en ninguna tasca. Y es esto lo que pide el lehendakari a Zapatero. Que mire a Escocia, que mire a Québec, que mire a los lugares donde esto ocurre sin que nadie se tire por la ventana, ni haya que llevarle un frasco de sales.

Bien es verdad que allí no tienen esta violencia animal de unos salvajes que diciéndose universitarios rompen el Rectorado, o que maten a guardias civiles, inmigrantes o antiguos concejales. O que manchen casas del Pueblo, pongan bombas en el Marítimo y Batzokis, o que vociferen amenazas como las de ese tipejo detenido en Burdeos que dicen es el jefe de ETA. Desde luego con capucha y remitiendo comunicados parecen algo. Viéndoles en su miserable condición humana parece mentira que personas como Otegi, Permach o Rufi Etxeberria estén bajo las órdenes de semejantes acémilas. Pero así es.

No entiendo por tanto que el Partido Comunista de las Tierras Vascas se atreven a ponerle condiciones al lehendakari cuando fue la propia ETA quien declarara la iniciativa del Lehendakari como "propuesta fraude", aunque ahora apunten que quieren saber el tipo de pregunta y el objetivo de la misma. Y se dirijan a un PNV que está presentando mociones éticas para hacer a ANV lo que ellos hacen.

No gastaría un segundo con gentes a los que la muerte de un ser humano les deja indiferente. No aceptaría ni los buenos días de seres a los que el chantaje, la extorsión, la destrucción de un Rectorado, el tiro en la nuca y el coche bomba lo consideran parte de un conflicto que ellos alimentan con su cobardía. El PNV en toda su historia prefirió sufrir las consecuencias de la persecución a claudicar en sus principios éticos.

De ahí que confío plenamente en un lehendakari que está comprometido con sacar del empate infinito una situación que unos y otros bloquean, y que hará lo imposible para llevar este país a un escenario de acuerdo y de apuesta democrática a pesar de la guerra mediática, de las manipulaciones, de las medias verdades, de la inferioridad en instrumentos en la defensa de una propuesta y del cinismo de una clase política instalada en el NO y en el desconocimiento absoluto de la historia y de la necesidad de encontrar, con altitud de miras, un acuerdo que están al alcance de la mano con un poco, solo un poco de buena voluntad. Todo lo demás es patriotismo chabacano y ruido mediático. O mejor dicho, guerra mediática. Y en este tipo de guerras no suele ganar quien más razón tiene sino quien más fuerza y quien más medios a su servicio tiene a la hora de manipular la opinión pública. Esa es la diferencia con la propuesta del lehendakari.

Iñaki Anasagasti

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