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La huelga como desahogo

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Por eso conviene situarnos. Al gobierno canario se la refanfinfla la huelga de este jueves en Sanidad. No porque no les preocupe su imagen o porque a los partidos que los sustentan les de igual perder votos el próximo domingo. Claro que eso le preocuparía. Pero ese no es el caso. Quien más estará pendiente de la huelga de hoy será el consejero de Economía y Hacienda, esta tarde calculará cuánto dinero ahorrará con la nómina de los que hoy secunden la jornada de huelga. Lo que nos espera dentro de unas horas será una guerra de cifras: el gobierno dirá que el paro fue secundado por el 15% y los sindicatos convocantes hablarán del 80%, y para liarla más todavía, Intersindical Canaria dará una cifra diferente las dos anteriores.

La huelga de este jueves tiene dos responsables. Tenemos un gobierno que cambia las condiciones laborales por la vía de los hechos consumados, con una ley de presupuestos que incluye la prolongación de la jornada laboral de 35 a 37 horas y media sin informar en las mesas sectoriales a los representantes de los trabajadores. Para animar la fiesta un presidente del gobierno realiza en el Parlamento canario una falsa generalización de los sueldos de los médicos. En la parte sindical tenemos a unas organizaciones convocantes que critiquen la política de hechos consumados del ejecutivo, pero hacen exactamente lo mismo: UGT, CCOO y otros sindicatos corporativos convocan el paro sin reunirse con Intersindical Canaria, que tiene un representación importante en Sanidad.

¿Y por qué es la huelga? Porque el gobierno canario quiere que los trabajadores de la sanidad pública trabajen el mismo número de horas que el resto del personal de la administración. No parece que ese sea el mayor problema de la sanidad de los canarios. Los problemas que venimos arrastrando estos años tienen que ver con las listas de espera, aumento de los presupuestos para la sanidad privada, retraso de 4 años en la convocatoria de la oferta de empleo público, enfermeras que llevan una década trabajando en un hospital público con contratos de un mes o de quince días, corrupción en concursos públicos, cobro de peonadas de forma fraudulenta, en los mismos quirófanos por la mañana se producen 2 ó 3 operaciones y por la tarde (con menos personal) 5 ó 6 operaciones para cobrar más dinero en horas extras (esto pasó 3 años con la consejera Roldós perteneciente a ese partido que el campeón de la austeridad), cierre de servicios de urgencia, retraso en las pruebas diagnósticas, saturación de los centros de salud?

La huelga sigue siendo un derecho y un instrumento necesario para presionar y frenar los abusos. Pero es fundamental que sirva para algo más que para un desahogo. Los sindicatos convocantes deberían tener en cuenta que los jubilados o parados que hoy se acerquen a los servicios sanitarios (eso de encontrar a un trabajador acudiendo al médico en horario laboral es un ejercicio de alto riesgo), o los pacientes que notarán que hay menos personal en los hospitales, todos los afectados directamente saben lo que van a votar o, peor todavía, no van a votar a siglas que apostarán por una sanidad pública y que defenderán el aumento del personal. Incluso podría ocurrir que los pacientes agradezcan la huelga porque a lo mejor el gobierno con los servicios mínimos mejora el personal por un día en algunos centros donde no se están cubriendo las bajas.

La guerra ideológica está perdida en este corto plazo. Sólo quedaba la batalla laboral. Pero la falta de unidad sindical motivada por el desprecio a Intersindical Canaria, la causa que mueve la convocatoria de huelga y la situación de interinidad de cientos de profesionales sanitarios provocará que este jueves gane el miedo y pierdan los trabajadores. En otras palabras, gana el gobierno (y la oposición pepera) y perdemos todos los demás.

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El autor en twitter : juanglujan

Juan García Luján

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