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La humildad de un ‘ex’ por Jerónimo Saavedra

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Su fallecimiento me ha conmovido, ciertamente. Socialista de raza, se comportó siempre de forma cabal y consecuente, antes y después de su dedicación a la política activa. Pocos compañeros han sobrellevado como él el trance de retornar a la vida académica o profesional, en silencio, sin molestar, sin hacer uso de condiciones anteriores. Fue, lo que se dice, un 'ex' de lujo, sobresaliente. Por su desempeño y por esas virtudes, le designé Hijo Adoptivo de la ciudad el pasado año.

Me emocioné con su abrazo. Como me emociono ahora al recordar tantos episodios, tantas vivencias conjuntas, desde la legalización del Partido. Fue la primera persona con la que contacté en Madrid, recién terminados su estudios en la facultad de la Complutense. Carmelo fue el animador y el impulsor del primer grupo socialista que se había constituido antes de la Transición política con los históricos militantes. Sus contactos con gente de la Unión General de Trabajadores también fueron muy útiles.

Aquella experiencia le sirvió para ser concejal en San Bartolomé de Tirajana, tras las primeras elecciones democráticas municipales de 1979. Pero estaba llamado a otras empresas, a responsabilidades como la presidencia del Cabildo Insular de Gran Canaria, en la que se mantiene desde 1983 a 1991, año en que, después de haber sido elegido nuevamente, fue desbancado en una maniobra revanchista fraguada el mismo día en que suscribíamos el pacto de gobernabilidad para Canarias con las antiguas Agrupaciones Independientes (AIC). Firmar el acuerdo y anunciar la censura a Artiles fue todo uno.

Fue luego senador del Reino hasta el año 2000. También formó parte del Congreso de los Diputados en la V legislatura (1993-96). Su trabajo en comisiones o en ponencias, el seguimiento de los acuerdos, la presentación de enmiendas y varias iniciativas caracterizaron su tarea.

A la organización dedicó Artiles notables afanes. Ejerció como secretario general insular muchos años y compartimos numerosas reuniones y negociaciones en vísperas de congresos. Se preocupaba con detalle minucioso de los preparativos y de los documentos que habrían de ser utilizados. Se sentía complacido cada vez que tenía noticia de alguna incorporación a la organización.

Tras no salir elegido en el 2000, volvió al bufete para reiniciar una andadura profesional. Lo hizo con lealtad y en silencio. Con toda dignidad. Por eso, nunca se quejó de esta situación merecedora de aliento y que viví muy de cerca.

Estudioso de los avances tecnológicos y de las tendencias sociológicas, Carmelo Artiles vivió con interés cuantos acontecimientos rodearon la vida política de Gran Canaria y de su capital. Cuando la abandonó, prefirió el silencio de los que entienden que su ciclo se había cumplido.

Por todo eso, fue un 'ex' de lujo. Le recordaremos siempre.

Jerónimo Saavedra

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