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La inmoralidad de los banqueros

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Veamos los datos de 2009 de uno de los principales bancos españoles: el BBVA. Su consejero delegado, José Ignacio Goirigolzarri, se va a prejubilar con casi 53 millones de euros en el bolsillo. Estamos hablando de la misma empresa que, según los datos oficiales del banco, el año pasado mandó al paro a 2941 trabajadores. La justificación que dieron los directivos para los despidos masivos es que lo hicieron para reducir costes.

José Ignacio Goirigolzarri (para quien no lo sepa es vasco) no tendrá que acogerse a las ayudas de 420 euros mensuales del Gobierno porque tiene garantizado de forma vitalicia un sueldo anual de 3 millones de euros, 250 mil euros al mes. El exconsejero delegado del BBVA cobró en 2008 un sueldo de 4,6 millones.

Recordemos otros números: los salarios de los directivos de los 14 grandes bancos españoles crecieron entre enero y junio de 2007 (en el inicio de la crisis) un 54% según la CNMV. El BBVA gastó 25,8 millones de euros en sueldos de los miembros del Consejo de Administración y de sus directivos. Después de saberse todos estos datos el Congreso de los Diputados aprobó por mayoría aplastante (sólo se opusieron nacionalistas vascos, catalanes y gallegos) un fondo de ayuda a la banca de 27.000 millones de euros ampliables a 90.000 millones. No fue dinero regalado, pero sí fue prestado en muy buenas condiciones, por lo menos en condiciones mucho mejores que las que el banco da a los clientes que más lo necesitan.

El colmo de la inmoralidad es que el sustituto del consejero delegado será Ángel Cano Fernández, hasta ahora Director de Recursos Humanos de la entidad financiera. O sea, que el señor que puso en la calle a 3000 trabajadores "para ahorrar costes" es premiado por la compañía y seguramente habrá negociado para él un salario parecido a su antecesor: cercano a los 4 millones de euros anuales.

Alguien comparó alguna vez a los banqueros con los espermatozoides, porque de cada 2 millones sale un ser humano. El problema es que conociendo estas estadísticas, no ha aparecido el gobernante que le pare las patas a estos espermatozoides encorbatados capaces de multiplicar las listas de desempleados a la misma velocidad que los salarios de los directivos y sus indemnizaciones. Para estos bichos no vale la píldora del día después, hay que pisar sus cabecitas el día antes de que firmen los despidos masivos, el día antes de que se queden con las casas hipotecadas de los pobres, el día antes de que reciban los avales del Estado para mantener sus cuentas de resultados y continuar degollando las cabezas de los desgraciados que tocaron en sus puertas para pedir ayuda.

Juan García Luján

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