eldiario.es

Menú

Los leones del Congreso

- PUBLICIDAD -

Así empecé la lectura de ese libro, y si confían algo en mi criterio, olviden todo lo que acabo de decir, porque nuevamente Federico Utrera viene a cuadrar su peculiar círculo para desnudar esa supuesta intención banal y vestirla con el barniz del relato erudito e histórico. Se trata pues de una crónica minuciosa y singular, adornada con los encajes de la curiosidad, no la insana, sino la otra, la que sirve para enriquecer posiciones y mejorar el juicio que podamos hacer, en este caso, de quienes desarrollan su trabajo en ese limbo físico que son las Cortes Generales. Así, cuando nos habla de vicios humanos, cuando aborda asuntos tan escabrosos o morbosos como la relación de sus señorías con el alcohol o las drogas, lo que termina aflorando son historias muy instructivas y reveladoras sobre el carácter autodestructivo de la propia política. El caso del senador Carlos Piquer constituye en el libro un buen ejemplo de cómo esa presión desenfrenada que rodea al juego político, y el foco que la sociedad pone sobre ellos, tiene un componente destructivo no apto para personalidades poliédricas, sobre todo para aquellos que llegaron a la política empujados más por inquietudes que por ambiciones.

El libro está plagado de jugosas anécdotas, también de ilustradas referencias a grandes parlamentarios cuyo eco discursivo aún parece retumbar por pasillos y hemiciclo. Impagable resulta igualmente ese primer diccionario de la jerga parlamentaria, que supone una eficaz recopilación de esa terminología críptica con que los políticos retuercen el lenguaje de la sencillez.

En resumen, lectura recomendable sin mayores efectos secundarios que las prevenciones hacia la política y quienes la interpretan. Para los propios protagonistas y para el establishment, la obra puede incluso resultar políticamente incorrecta, algo que también se convierte en un mérito, ahora que la palabra corrección no suele ser más que un sinónimo de hipocresía. Pero desde la cierta complicidad que produce el roce de años recorriendo esos pasillos de poder, la obra ni siquiera resulta cáustica en su lectura global. En realidad, el libro es un ejercicio de desmitificación tanto para los que aún admiran la existencia de vocaciones políticas como para quienes creen que para ser eso, político, hay que estar desprovisto de cualquier escrúpulo. Ni estatuas de bronce ni tampoco de sal. Simples mortales en un escenario de ambiciones y aspiraciones.

Aparte de todo esto, la obra, de paso, revive un género literario, el de la crónica parlamentaria, al que se acercaron, desde finales del siglo XIX y hasta la Guerra Civil, la mayor parte de nuestros grandes novelistas y pensadores españoles y que estaba bastante de capa caída desde la muerte de Luis Carandell. Y no cuento nada más de este libro, sino que se lee rápido, y su deglución intelectual mejorará nuestras habilidades como contertulio en cualquier conversación política. Dicho de otro modo, deja poso.

*Francisco Moreno es ex director de RTVC y actual director del Área Audiovisual de Editorial Prensa Ibérica.

Francisco Moreno*

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha