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La libertad de expresión, según Aznar y ciertos periodistas afines

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Lloran las plañideras y confunden o mezclan una vez más libertad de expresión con intereses empresariales. Les saca de quicio que el Grupo Planeta, capitaneado por José Manuel Lara Bosch, haya obtenido licencias para su Onda Cero. Pero los muy astutos silencian que el mayor favor que, en este sentido, obtuvo Lara Bosch le fue otorgado por el mismísimo José María Aznar.

Almirante del navío

Lara recibió el encargo de la Moncloa pepera de reflotar La Razón, que se hundía con Luis María Anson de almirante del navío y a pesar de ciertos empresarios valencianos, convenientemente tocados por Eduardo Zaplana. A cambio, Aznar se comprometió a regalarle ?que es una manera de hablar de buen precio- Antena 3 TV y, por supuesto, la cadena Onda Cero como complemento.

Primavera de 1996

Cuando los populares llegaron al Gobierno, en la primavera de 1996 ?¿volvió entonces a reír la primavera?-, la libertad de expresión la manejó Aznar sin complejos. Lo hizo emulando el my way de Sinatra y diciéndose a sí mismo: "A mi manera". En aquella época no sollozaban ni mostraban su enojo, sino que aplaudían con las orejas estas plañideras de hogaño.

El amigo del pupitre

Apostó Aznar por que la libertad de expresión fuera administrada por su amigo de pupitre, Juan Villalonga, a quien puso de presidente de Telefónica y le ordenó montar un holding mediático al servicio de la derecha. El proyecto se convirtió en un fiasco, pero esa nueva fórmula de libertad de expresión a la medida enriqueció a unos cuantos. Bastantes periodistas del Aznarato recibieron deslumbrantes retribuciones en cargos y más cargos, hasta que el castillo de naipes se cayó y hubo que recurrir a Lara. Había que evitar el naufragio de Telefónica con su plataforma digital a cuestas.

Jordi Pujol

Están tan bien acostumbrados que les irrita que el CAC haya adoptado las medidas que ha adoptado. Prefieren ignorar a este organismo democratizador del sector audiovisual, al que siempre vilipendiaron desde que inició su singladura en los años últimos de la presidencia de Jordi Pujol. Su origen, por cierto, no es catalán, sino francés y luego se ha ido extendiendo a otros países. En España, funciona también, aparte de en Cataluña, en Andalucía y en Navarra.

El converso Paulo

Practican la catalanofobia en cada momento, con ocasión o sin ella, como dijera el converso Paulo. Se han empeñado en proyectar a Cataluña como si fuera una dictadura en manos de tiranos antiespañoles. Han dicho pestes durante años de El Periódico de Cataluña, del Grupo Zeta, pero han ocultado ?en su patética protesta o en su pataleta- el hecho de que el CAC no haya concedido licencia alguna al referido grupo. ¿Estamos, por consiguiente, ante una vendetta política ?según la versión de los afectados más vocingleros- contra la prensa especializada en el insulto a Cataluña y a la mayoría de sus ciudadanos? ¿O no lo es, a la vista del caso de El Periódico de Catalunya, afín ciertamente a los planteamientos génericos ?no tanto partidistas- de la izquierda?

Hace demasiado tiempo

Ocurre que son muchos ya los ciudadanos que los conocen desde hace demasiado tiempo. A Marhuenda, el director actual de La Razón, lo quieren transformar en un hereje ?como hicieron con José Antonio Zarzalejos- y quemarlo en su particular hoguera de la intransigencia. En la cofradía de los antiguos agitadores del Sindicato del Crimen no cabe la disidencia. A ver si algunos ingenuos se van enterando de que el poder lo detentan Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos. Los demás son peones de brega. Y a quienes, desde la propia derecha, no les gusta esto que se preparen. Si acabaron con Zarzalejos ¿cómo no van a acabar, si conviene, con Marhuenda?

*Enric Sopena es director de elplural.es

Enric Sopena*

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