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¿Tienen los males de España remedio?

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Si hacemos algo de pedagogía histórica, habría que recordar el sacrificio que D. Adolfo Suárez hiciera en los azarosos años de la transición, dando cobijo, mesa y mantel a la izquierda, que por aquel entonces, sus símbolos más llamativos y que con más saña se desprestigiaron eran Santiago Carrillo y Dolores Uribarri. Era conciente Suárez que tal decisión le iba a acarrear el odio de los nostálgicos de Franco, la mayoría calzando la malla bota de la dictadura. España envuelta en el duelo diario de las victimas, primero de los Poli-milis y después de ETA, que parecía no entender, que iniciábamos un largo recorrido, poniendo la vista en el futuro, haciendo nuestros los versos de Machado.

Se ponían en marcha los Pactos de la Moncloa, ante el alarmante panorama que el fatídico periodo 1973/1977, nos ofrecía un alarmante panorama. La deuda exterior española se cifraba en catorce mil millones de $ de deuda externa.

Hoy nos asombran las cifras de nuestros parados, la crisis económica y nos agobia, un futuro incierto ante el huracán económico que nos azota, del que somos ajenos, y que han sido creados por las inmobiliarias, banqueros, broker, especuladores y toda la calaña que suele aflorar en épocas de crisis.

Pero si retomamos esa reciente historia, nos debería servir de lección, lo que aquellos políticos de entonces fueron capaces de conciliar. Y habría que recordar los más significativos del amplio arco ideológico, desde la ya tradicional derecha hasta la izquierda plural, y así nos encontramos sentamos a la Mesa de los Pactos de la Moncloa a: Adolfo Suárez, Manuel Fraga, Leopoldo Calvo Sotelo, Miguel Roca, Enrique Tierno, Juan Ajurriaguerra, Santiago Carrillo, Juan Reventós, José Mª Triginer, y entre los técnicos Francisco Fernández Ordóñez y Enrique Fuentes Quintana; éste último es el que redacta el documento base, haciendo suya una declaración de un político republicano que dijo: " O los demócratas acaban con la crisis económica o la crisis acaba con la democracia". Esas agotadoras reuniones, concluyen, firmándose el 25 de octubre de 1977 los llamados "Pactos de la Moncloa". Habría que señalar que todos los representantes del arco político firman el documento, excepto D. Manuel Fraga, que no subscribe lo relativo a cuestiones jurídicas y políticas, como pudieran ser:

*Derecho de reunión y asociación.

*Reforma del Código Penal.

*Reorganización de las fuerzas de orden público.

Hoy se retoma la historia, con diferentes actores, pero como en el pasado, es la rancia derecha, en aquella ocasión representada por el Sr. Fraga, la que puso reparados; hoy es el Sr. Rajoy el que dice que no quiere estar en la fotografía, pues él y los suyos consideran un "fraude" la escenificación, de un acuerdo entre Gobierno, Patronal y Sindicatos, como se produjera en 1977. Mientras el pueblo español asiste atónito a la lucha partidaria, en la que se pone en riesgo la supervivencia de la clase trabajadora, que tiene que adaptarse a los nuevos tiempos, por los espurios intereses de una clase política, cuya única meta es el poder y enterrar los inconfesables hechos, presuntamente delictivos que acechan a lo más "florido" de su clase política; y que le hace imprescindible el asalto a la Moncloa, aunque la historia se los recuerde en el futuro, como se lo recuerda a su Presidente de Honor, que, en su descargo habría que decir que, a excepción de lo concerniente a lo que para él era sacrosanto deber, el controlar al pueblo, en su etapa de ministro de Gobernación (Interior) acuñó aquella lúgubre frase de: "La calle es mía". Pero que tuvo que claudicar ante la realidad de aquella histórica fecha.

Antonio Ortega Santana

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