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¡Qué malos actores son!

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¿Se acuerdan ustedes de una película de Luis García Berlanga que se llamaba La Escopeta Nacional? En aquella película de 1978, el empresario catalán Jaume Canivell –interpretado por el siempre genial José Sazatornil- organiza una montería en la finca del marqués de Legüineche –el marqués de Las Marismas, el gran Luis Escobar- bajo la atenta mirada del Padre Calvo, el sin par Agustín González. 

Quince años después, Berlanga volvió a la carga con Todos a la Cárcel, en donde “Saza” interpreta a Artemio, el propietario de Sanitarios Artemio, quien acaba dentro de una cárcel persiguiendo, para cobrar una factura de la Administración Pública, a Quintanilla, un diputado cualquiera con el rostro del veterano actor José Sacristán, que, en esos momentos, se está entrevistando con el capo mafioso Tornicelli, papel que defendió con la soltura que le caracterizaba al cantante y actor italiano Torrebruno.

Ahora viajemos diez años en el tiempo, añadamos un par de tesoreros de un partido político de empaque, una legión de alcaldes, un cuarto y mitad de presidente autonómico, algún arquitecto estrella y un fantasmón transmutado en enlace para con las más altas esferas y obtendremos una película que se llama Sálvese quien pueda.

Me imagino que, los más jóvenes, desconocen tanto la figura como las películas de Luis García Berlanga, pero es muy triste comprobar cómo los disparatados guiones de La Escopeta Nacional y Todos a la Cárcel se han quedado obsoletos e, incluso, un tanto naifs si los comparamos con la realidad que se está viviendo en nuestro país a día de hoy, y recuerdo que en aquella época, la gente decía “Qué exagerado es Berlanga”.  

De todas formas, lo que más me molesta de toda esta kafkiana situación no es que las películas de Berlanga hayan sido superadas con mucho por la catarata de atropellos que ha sacudido los propios cimientos de nuestra sociedad, sino que, al contrario de lo que pasaba con los actores que dirigía Berlanga, quienes han protagonizado todo este esperpento son unos actores de pésima calidad. Vamos, que son unos botarates mediocres, indocumentados, abraza-farolas y unos seres que no deberían nunca haber existido.

Lo único que espero, tal y como dice el gran Artemio, de Sanitarios Artemio, es que cuando esto termine acaben todos en la cárcel.

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