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Yo médico, denuncio y acuso

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Y no es que antes ya no lo hiciera, puesto que mis continuas referencias al mal estado de nuestra sanidad son de sobra conocidas por muchos. Decenas, o más bien centenares de escritos, cartas, notificaciones, a veces públicas y las más privadas a niveles laborales en mi hospital, llenan mis archivos de estas materias. Mis compromisos personales en esta labor son históricos y tengo una merecida fama contestataria en la lucha por las defensas de ciudadanos y trabajadores en relación con la sanidad. He pertenecido a distintas representaciones de trabajadores sanitarios, siendo fundador del primer sindicato médico que apareció en Canarias, el SAM, dentro del ámbito del entonces Hospital General y Clínico de Tenerife. Y hoy, 34 años más tarde, permanezco firme en la misma línea de entonces en tareas de representación sindical, Intersindical Canaria, y de pertenencias a grupos de opinión como CSEA (Ciudadanos Solidarios en Acción) y en Unión Ciudadana. Pero es que hoy la situación es mucho peor que entonces. La perversión del sistema sanitario público que hoy padecemos los canarios, intolerable y esperpéntico, me llena de indignación y rabia animándome a seguir denunciando y acusando a los responsables de que nuestra sanidad se encuentre en los indeseables márgenes que presenta y que hacen inaguantable esta situación por más tiempo. No es lo mismo realizar denuncias desde la óptica de un profesional médico de un hospital público que hacerlo desde la perspectiva de usuario de los servicios sanitarios. Y esa situación la he vivido esta última semana por precisarlo familiares tan cercanos como mi propia madre y mi esposa. He acudido estos día atrás al Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Canarias, donde trabajo como médico especialista de Traumatología y Ortopedia desde el año 1972, y jamás había experimentado tanto horror y frustración, personal como ser humano y profesional como médico, al contemplar en qué estado se encuentran las personas que acuden diariamente a buscar un alivio a sus enfermedades. La masificación llega a tal extremo que nosotros mismos, los trabajadores de la sanidad, a pesar de nuestras denuncias continuas que realizamos para intentar mejorar el servicio ofertado, no nos damos cuenta de la verdadera dimensión de lo inhumano, de lo bochornoso, de lo inconcebible de la situación, hasta que lo sufrimos en carne propia. Y lo que estamos siempre denunciando, se eleva hasta el infinito cuando precisas de una atención urgente y personal de tu enfermedad. Yo denuncio, como médico, y por tanto como protagonista y testigo cualificado de lo que digo, que la situación es insostenible, de que ha llegado a su fin. No podemos seguir tolerando ni un día más lo que ocurre en los Servicios de Urgencias de nuestros hospitales públicos. Y por eso denuncio al Gobierno de Canarias y a su Consejería de Sanidad, a la Directora del Servicio Canario de Salud, responsables de un servicio social de primera magnitud como es la Sanidad a la que tenemos derecho todos los ciudadanos de estas islas por así protegerlo la propia Constitución española en su artículo 43. Yo acuso, como médico y como ciudadano canario, a los responsables directores del Hospital Universitario de Canarias, a la presidenta del Consorcio Sanitario, al gerente, directores médicos, de Enfermería y Administración, por permitir esta absoluta vergüenza en que han convertido el Servicio de Urgencias y al resto del centro hospitalario donde se hacinan y se ''maltratan'' a los cientos de enfermos que allí acuden. Y los acuso por no detener la situación, por no negarse a practicar la táctica del avestruz y esconder la cabeza ante situaciones que vulneran flagrantemente los derechos de los ciudadanos, de los pacientes, en este estado de derecho en que vivimos. Y los acuso, a ellos y a todos los anteriores responsables ''políticos'' del hospital por haber intervenido en el juego que han hecho, durante todos estos años, hasta dejar colapsar a este centro deteriorado y poco funcionante que está empezando a hacer aguas por todos lados como lo demuestran las noticias aparecidas en los medios de comunicación y en los cientos de denuncias que acumulan de los usuarios que tratan. Yo acuso, además, a los representantes políticos canarios elegidos por los ciudadanos de esta comunidad de todo el arco parlamentario y del resto de las administraciones públicas, ya estén gobernando o en la oposición, por la complicidad que mantienen con los planteamientos de esta mala política de gestión sanitaria que padecemos los habitantes de las islas. Porque puede que en las actuales circunstancias, ya conocidas por todos y que el propio Diputado del Común, el defensor de los derechos ciudadanos, denuncia frecuentemente, al igual que los usuarios, los sindicatos, las encuestas de satisfacción y todo tipo de investigación que se realice en este sentido, digo que puede estar dándose un delito de denegación de auxilio ante los servicios sanitarios que reciben los pacientes en los servicio de urgencias de nuestros hospitales. Estos servicios de urgencias, que más bien parecen campos de refugiados, donde se mantienen durante días a los pacientes en camillas o sillones, en los pasillos del edificio, con mínimo control sanitario, donde deben esperar a una cama para ingresar y en donde realizan sus necesidades fisiológicas, comen, se asean, reciben medicación con sueros colgados en las paredes y son escasamente visitados por sus médicos especialistas y asignados, son servicios que deben ser clausurados de inmediato y cambiarlos por sitios dignos y adecuados para dar cobertura médica a personas que lo precisan. Porque parece que olvidamos que estamos y tenemos que estar tratando a seres humanos y no a otra cosa que por pudor ni nombro. En mi caso personal he visto como mi esposa y mi madre han tenido que desnudarse y quitarse su ropa interior, en una camilla localizada en un pasillo frente a muchas personas alrededor que, del mismo modo, sin intimidad ni privacidad, debían compartir el mínimo espacio entre todos, vulnerando así los derechos del paciente que el propio Servicio Canario de Salud interpreta debe tener todo asegurado. He constatado esos días, de manera personal, muchas moscas en los pasillos y estancias del Servicio de Urgencias que daba una impresión pésima en el entorno. Los aparatos habilitados para el control de los insectos no funcionaban por lo que aquellas se posaban sobre los pacientes allí ''estacionados''. Deprimente e indecente. Creo que ha llegado el momento de que los ciudadanos canarios reaccionemos ante esta injusta manera de ser tratados sanitariamente. La ausencia de camas diarias del hospital conlleva que los pacientes programados para ser intervenidos quirúrgicamente, con esperas de muchos meses en lista, no son ingresados para su tratamiento, por lo que las listas no bajan y se mantienen. Mientras exista el colapso de las Urgencias, las listas de espera no son susceptibles de intervenir, motivo por lo que, entonces, son derivadas a los centros concertados privados que sí que operan aquellas que no realizan los hospitales públicos. Una verdadera vergüenza que yo, personalmente, pienso podría tratarse de una presunta corrupción mantenida y fomentada por nuestro propio sistema sanitario actual que potencia la sanidad privada en contra de la pública y a los hechos me remito. Mi agradecimiento y felicitación a todo el personal de Urgencias, médicos, enfermeros/as, auxiliares, servicio de información y a todos los que, con su abnegada profesionalidad, suplen las graves carencias y minimizan en lo posible las calamidades que deben sufrir los pacientes y sus familiares en estos verdaderos guetos en que se han convertido los centros sanitarios. Nuestro sistema sanitario está colapsado y es hora ya de que, con nuestras denuncias y nuestras acusaciones, algún estamento judicial, social o gubernamental, investigue y solucione tales atropellos en nuestro derecho a la salud. Yo médico, invito a ello. (*) Carlos García es doctor Medicina y Cirugía. Especialista en Traumatología y Ortopedia.

Carlos García (*)

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