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Las meditaciones pictóricas de Isabel Llarena

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Recientemente tuvimos una agradable charla sobre arte contemporáneo, y muy en concreto, sobre las últimas pinturas de la artista Isabel Llarena (Las Palmas de Gran Canaria, 3–1971), que expone sus obras plásticas en una pequeña sala del pretérito barrio de Vegueta. La artista autodidacta indaga desde hace años en varios temas con distintos procedimientos artísticos en la búsqueda de un lenguaje plástico, donde encuentre su estilo original. Este estilo será una de las maneras del quehacer en su dicción pictórica que satisfaga sus perceptivos adentros unipersonales, que den carácter a sus obras en los temas, figuras y formas estéticas únicas. El talento para la plástica lo lleva adherido a sus genes, sólo le falta ir modelando –como en todos los creadores– el lenguaje propio que llene su ego interior por medio de esas motivaciones en la plasmación de sus obras.

Isabel Llarena se ha decidido por el arte de la plástica, después de haberse formado y licenciado en Traductora e Intérprete, para que esta profesión fuera su modus vivendi . Pero el gen que le viene marcado de familia de artistas por parte de los Reino, la ha inducido abocadamente a su práctica. Tiene la virtud, además de las enunciadas condiciones artísticas, de ser una persona abnegada del trabajo, de la continuidad en el oficio de la plástica en activo –es precisamente esta acción la que genera recursos fáciles e inmediatos para las soluciones de las obras–, de la búsqueda incesante para encontrar unas motivaciones que la colmen en su particular mística, la que ha sido hallada en la meditación y experiencia de su arte.

En dicha conversación expresamos nuestros puntos de vista de lo que debe ser la concepción del arte actual por parte de los creadores plásticos. Por supuesto, que respetando los actuales lenguajes de innovación artísticas en las últimas tendencias: montajes, instalaciones, performances, etc., muy a pesar de los camelos que en estos proyectos se cuelan de los que se dicen ser artistas. Coincidimos en que los artistas, en todas las disciplinas del arte, tienen que estar sometidos a la opresión de sus propios estados anímicos para expresar sus sentires más profundos y místicos, mediante la creación de formas o figuras o las cromías, por la mediación de la creación estética por él generadas. Aceptamos, como principio, que cada artista tiene su peculiar estética, y cada una es desigual –y privativa– entre los creadores plásticos. El arte si no deviene de la mística, es una falsedad humanista, una decepción al espíritu. Es un esperpéntico algoritmo.

El arte de Llarena se manifiesta entre la figuración y la abstracción de las figuras y sus formas componentes. Preferentemente lo hace por la realidad interpretada por la artista, subyugada por la emotividad del momento de la ejecución (los estados de ánimos son la condition sine qua non para que una obra de arte y su creación se desarrollen y acaben de una u otra manera), y su particular perceptiva en la forma de ver y entender la representación de las imágenes. Estas, sus figuras, son en muchos ejemplos plasmados, esquematizadas; pero, en tantos otros, son prolijamente matizadas por la saturación de matices que percibe en ese instante su retina y sensitivos adentros de la artista. Pero sin que las imágenes representadas se correspondan con la servil realidad vista, a pesar de su buen dominio del dibujo y del cromo. Es una interpretación subjetivada de la realidad existente, subordinada bajo los cánones de sus conceptos internos.

Pero ante sus exigentes maneras de mejoras evolutivas de su arte, la artista Isabel Llarena no queda satisfecha con su plástica figurativa actual. Este descontento es una de las patologías que sufren los creadores en general –principio inmutable en todo creador de arte–. Pretenden mejorar sus contenidos, técnicas y estar en los postulados de las vanguardias de su tiempo. Desea cambiar su actual estilo plástico para encontrar un nuevo estilo que satisfaga en expresiones renovadoras propias, para su sensibilidad, estilo y estética. Por lo que argumenta: “Llevo tiempo luchando para despegarme de las garras de la figuración, quiero indagar en una conceptualización de las imágenes”.

Como es evidente, su devenir está en la renovación de su arte, en nuevas formas expresivas y lenguajes propios, en la búsqueda de un formulario muy suyo. Aduce: "Se está produciendo una metamorfosis en mi arte. Estoy experimentando diferentes modos de expresión que satisfagan estéticamente la representación de los conceptos e imágenes que bullen en mi pensamiento insistentemente". En todos esos proyectos, en esa inquietud que perturban las neuronas, se impone el talento y los dones creadores del artista para expresar sus sentimientos de tal o cual manera, según su libre albedrío estético.

En esa incesante e insania –por la obstinación que genera en la mente del artista– investigación para su devenir artístico, la artista se sigue moviendo en otras experimentaciones que dan preferencia en sus lenguajes plásticos: los temas oniristas, en los que la realidad es irrealidad o en un realismo fantástico (sin emparentarse con el surrealismo), dibujando la artista estos temas de inventiva imaginación y originalidad. En la pluralidad de procedimientos artísticos que pone en práctica, de seguro que la ayudarán al encuentro de esa piedra filosofal para el discurso plástico y su estilo, y modos expresivos que colmen su sed de originalidad artística, que para ella debe ser muy personal.

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